EL PEQUEÑO, EL SALVAJE, EL FRÁGIL

Spike Jonze – Where the Wild Things Are (2009)

Maurice Sendak es un afamado autor de literatura infantil. También ilustrador de sus obras, ha sido el creador de cuentos como La cocina de noche y Donde Viven los Monstruos. Este último fue llevado a la pantalla grande en el 2009, por el director de cine y videoclips Spike Jonze, con un buen recibimiento por parte de la crítica y algunas nominaciones en diferentes premiaciones. El autor de piezas audiovisuales, para grupos como Sonic Youth o R.E.M, se alejó en esta ocasión de argumentos quizás más rebuscados, como los de Adaptation o Being John Malkovich, para realizar la adaptación de esta obra para niños. Cabe resaltar que respetó muchos de los diseños originales de las ilustraciones de Sendak para los personajes de la historia.

El argumento gira en torno a Max, interpretado por el joven Max Records, un niño hiperactivo de 9 años que pasa sus días creando todo tipo de juegos y situaciones nuevas. Su gran imaginación es uno de los rasgos que más lo define y que le sirve cómo escapatoria de su opaca realidad. Vive junto con su madre (Catherine Keener) y su hermana, con las que lleva una relación siempre tirante. La ausencia del padre genera un conflicto en Max, que no deja de esperar el regreso de este a la familia. Será este hecho el que motive la pelea que dará lugar a que Max escape de su hogar, cuando encuentre a su madre con un nuevo pretendiente. Los celos y la ira se harán sentir en el niño y no quedará otra que huir, pero no solo a las afueras del hogar. La historia sugiere que el personaje, por medio de su prolífica imaginación, llegará a una inhóspita isla habitada por peculiares monstruos. Pronto, Max será elegido rey por estos seres y entablará una estrecha amistad con uno de ellos llamado Carol (voz de James Gandolfini). El filme apunta a la forma de fábula, en la que el personaje del niño terminará por aprender algunas lecciones en relación a su vida familiar y personal.

En la primera escena vemos a Max, vestido con algo que pretende ser un disfraz de lobo, bajar estrepitosamente las escaleras de su casa. Corre tras algo, tras su perro. Grita y su gesto parece amenazador, lleva nada menos que un tenedor en la mano. Él solamente está jugando. La cámara lo sigue, muy de cerca, en su frenética persecución. Finalmente, logra atrapar a su presa a la que apretuja y agita sin piedad. Grita aún más. Hay una violencia inusitada en todo el espectáculo ofrecido, pero también cierta fragilidad.  La personalidad del personaje, entre juguetona y agresiva, se resume acá; pero también algunas ideas que encierra la película. Acá, el juego y el peligro parecen hermanados.

Y es que en Donde viven los Monstruos está muy presente la idea del peligro como elemento que subyace a ciertos conceptos. Es con la llegada de Max a la mencionada isla, que se ahonda más en este interesante aspecto. El niño descubre a este grupo de monstruos y de alguna manera se siente atraído por ellos, el ánimo de jugar aparece en él, pero los seres tienen ciertamente una naturaleza amenazante y la advertencia de ser comido aparece por primera vez. Aún cuando Max logre, en un primer momento, imponerse ante la tribu de monstruos, la amenaza no se desvanecerá del todo. Asimismo, hay momentos como en el que el protagonista teme ser aplastado en un juego que realiza con los demás seres, a pesar de que la situación no prometía ser peligrosa.  Es así que las ideas del juego y el descubrimiento, junto con el aprendizaje que conllevan, son relacionadas con un peligro que es inherente. Sin embargo, este no es el único camino temático que toma el filme.

En los primeros quince minutos de metraje, la película se ocupa de dar cuenta de la vida que lleva el personaje de Max. En este fragmento también se siembran los temas  relacionados a la familia y el carácter de Max, que plantean el camino para la fábula que se desarrolla al interior del filme.  Esta arista no es resuelta de manera discursiva o reiterativa. Las situaciones que se van dando en la isla, entre los monstruos y el niño, son pequeños reflejos de lo que sucedía al interior de la familia del pequeño y que le ayudan a situarse en una posición distinta a la que tenía en un principio. No son, pues, complicadas las metáforas que se dan en la película, ya que se apela a cierta sencillez infantil. Esto último, hay que mencionarlo, no constituye un punto débil en absoluto.

Jonze busca dar un acabado lúdico y frágil a la cinta. Para ello, se vale de una cámara que suele ir en mano y que reacciona a las acciones de los personajes y a las situaciones que se suceden. Es importante esta preocupación del director, puesto que logra una estética coherente con el tono de la historia. Es necesario, también, señalar el acertado diseño de la apariencia  de los monstruos. El inteligente uso de métodos clásicos, junto con tecnología de animación, logra cierta sensación de irrealidad. Ello es importante, ya que estos personajes, hay que recordarlo, son producto de la imaginación del personaje principal.

Pero a pesar de que Donde viven los Monstruos es un filme interesante y de que capta la atención de un público que conoce el cuento de Sendak, tanto como de otro sector interesado por el trabajo de Spike Jonze, su estreno en la cartelera comercial fue cancelado en nuestro país. Las razones que se conocieron tuvieron que ver con la no disponibilidad de copias dobladas al español. Si bien esa situación limitaba la llegada al público infantil, habría que tener en cuenta que la cinta de Jonze no sólo pretende llegar a ese público. Queda claro, al visionar el filme, que el objetivo del director es un público mucho más amplio en edades. Los que estén interesados en Donde viven los Monstruos, deberán buscar otras vías para poder disfrutarla. Aunque siempre quede la pena de no poder hacerlo en una sala de cine.

Italo Corvetto Schenone.

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PSYCHO KILLER, QU’EST-CE QUE C’EST?

Jonathan Demme – Stop Making Sense (1984)

“La música, al igual que el baile, no tiene porque tener sentido” – David Byrne

Un boombox, las pimeras notas de “Psycho Killer”, un escenario sin decorar, y el rostro extravagante de David Byrne. Una apertura perfecta a uno de los documentos musicales más importantes de los últimos años. Los Talking Heads estaban de gira en 1984, y el genio musical de Byrne había decidido hacer algo distinto con la música, un espectáculo visual que recaería en las manos del experimentado Jonathan Demme.

Y que mejor que Demme para dirigir este excelente concierto, un hombre ya con experiencia en registro con otros grandes artistas. Neil Young, Robyn Hitchcock, ya habían pasado por el lente de Demme, más conocido por la magistral El Silencio de los Inocentes. En este documental, también es más que un simple espectador, su cámara sirve para registrar este show que destaca por todos sus elementos, que como mencionara Byrne, no tienen mucho sentido, pero que encajan perfectamente en el despliegue visual.

Durante las primeras canciones del documental, Byrne despliega todo su talento corporal y músical, bailando espásticamente al ritmo de la música en Psycho Killer, entonando “Heaven” con una sensibilidad única, mientras que el escenario va siendo armado y los miembros de la gran banda entran en escena. Este es el primer elemento que destaca a Stop Making Sense de otros documentales musicales: La performance visual está plenamente conectada con la musical, pero no solo mediante pantallas de cine e iluminación, sino mediante el movimiento contínuo del escenario, como si fuese un ente con vida.

La luz es otro elemento que funciona perfectamente en el show. La iluminación rojiza y la proyección de palabras, las sombras que se proyectan sobre el escenario, el sujeto con el tacho de luz recorriendo a los personajes del concierto, la calidez e intimismo cuando Byrne coloca una lámpara en el escenario… todo conjuga perfectamente con los temas, como si fueran una extensión de los mismos, destinados a ser presenciados por el afortunado público.

Byrne se roba el show constantemente: Su mirada psicótica, sus bailes desenfrenados, su corrida alrededor del escenario, ese traje gigante que lo come por completo (una metáfora perfecta de como el mundo corporativo nos devora de a pocos), todos aquellos elementos que lo hicieron un showman de primera en esos años están más que presentes en este show, y Demme tiene el ojo para hacer que sus cámaras se centren en él, en su performance, en todos aquellos detalles que con otro director pasarían inadvertidos.

Es una música intensa, que contagia el cuerpo e invita a bailar. Talking Heads fue una de las mejores bandas de su época, y durante toda su discografía mantuvieron una regularidad que pocas veces se ha visto en la historia del rock. Aquí, estan definitivamente en su mejor momento, con una entrega e intensidad inigualables. Take Me to the River, Girlfriend is Better, Psycho Killer (acústica), Heaven y Burning Down the House están entre los mejores momentos del show.

Alguien, no recuerdo quién, dijo una vez: “la música de los Talking Heads es la única música hecha por blancos que puede hacer bailar a los negros”, y eso se cumple cabalmente, sobretodo con los invitados del concierto que despliegan una energía que contagia a todo el auditorio, sobretodo en el clímax del show. Byrne podrá ser el frontman, pero es también su banda la que hace de este momento memorable.

Demme, debo decir, es uno de los directores que más respeta al artista, y se nota en sus documentales. Hasta en su último trabajo, “Rachel Getting Married”, tiene el buen tino de utilizar una canción en vivo de Robyn Hitchcock en su totalidad, lo que es un movimiento arriesgado y francamente pocas veces visto en el cine norteamericano. Tal es el amor que tiene este director por los artistas con los que colabora.

Para resumir, me quedo con este comentario del film: “Stop Making Sense tiene la cualidad de atraparte desde el principio gracias a una soberbia introducción/interpretación del clásico Psycho Killer y de no soltarte hasta el clímax final, ese en el que el público ya ha abandonado sus asientos y está bailando cada una de las piezas del grupo. Del concierto, sin embargo, me quedo con la alucinante energía que brota de la voz de David Byrne, un cantante al borde del colapso que en esta película alcanzó su cumbre, tanto a nivel vocal como visual (sus bailes, carreras, coreografías y miradas son tremendos ejemplos de una puesta en escena ejemplar). Con todo, la realización de Johnatan Demme es perfecta y ayuda a disfrutar aún más de este cancionero irrepetible, respetando la música del grupo como nadie lo ha hecho nunca (quizás Scorsese en The Last Waltz) y dando el protagonismo siempre al artista, no a los encuadres. Una delicia para melómanos.”

José Sarmiento Hinojosa

TERCER ANIVERSARIO DE LOS CINERASTAS

Un día como hoy hace tres años se creó este nuevo espacio de crítica y reflexión cinematográficas. Celebramos un año más con la idea de seguir mejorando y hacer que más cibernautas tengan como referencia a este espacio virtual cinerástico.  El día sábado salimos con una renovada edición y les estaremos informando sobre las bases de la trivia que servirá para el concurso en el que regalaremos dvds. ¡Salud con todos!

 

César Guerra Linares
José Sarmiento Hinojosa

Los Directores Cinerastas