NO SE PUEDE LUCHAR CONTRA EL DESTINO

Terry Gilliam – Twelve Monkeys (12 monos -1995)

Terry Glliam es uno de los directores más imaginativos de los  últimos años: hemos podido beber de su mundo gracias a “Las aventuras del barón de Münchausen”, la reciente “Tideland” y lo volveremos a hacer, al parecer, en la próxima a estrenarse “El imaginario del Dr. Parnassus”. No lejos de esta vertiente fantástica hallamos una faceta interesante (aunque breve) en el cine de Glliam; la que aborda las distopías (entendidas como el retrato de un futuro humano desolado y apocalíptico, ya sea por pandemias, guerras o gobiernos totalitarios). En esta faceta del cine de Gilliam tenemos dos películas (por eso lo de escasa): la grandiosa “Brazil” y “12 monos”, razón del artículo.

Como ya se mencionó anteriormente, “12 monos” es una distopía: en la década del 90 un virus se desató sobre la población humana, matando la mayor parte de ella; los pocos sobrevivientes se refugiaron debajo de la superficie. Dentro de este contexto, y en el año 2035, se nos presenta a James Cole (Bruce Willis), un convicto que es seleccionado para viajar como “voluntario” a la superficie y buscar indicios sobre el origen del virus, y hallar así una eventual cura. Las expediciones de Cole son exitosas, por lo que los científicos, que están al mando, deciden enviarlo hacia el pasado en busca de la muestra pura del virus.

Cole, por error, es enviado años antes de la aparición del virus, donde tomado como demente es confinado a un manicomio. En ese espacio de insania y extravagancia conoce a Jeffrey Goines (Brad Pitt), el hijo loco de un prestigioso e influyente personaje y a la doctora Kathryin Railly ( Madeleine Stowe), que empieza a creer que Cole no está del todo loco. Luego el viajero del tiempo regresa al futuro, sólo para regresar al pasado, al año en que se desata la pandemia. Allí vuelve a encontrarse con la doctora Kathryin, quien empieza a confiar en Cole y deciden ir en busca del origen del virus: volverán a encontrarse con Goines, quien lidera una organización pro-animal denominada los “12 monos” y trama un complot contra la especie humana (o sea, su padre). Pero, al final, se revelará que nada es lo que parecía ser.

Gilliam sabe como pintar el futuro: un mundo agónico, cárceles y prisioneros como conejillos de indias, científicos al control de la sociedad, máquinas del tiempo… También sabe como retratar el aspecto extravagante y demente del manicomio, al punto de llevar a la locura a un hombre que no está del todo loco (pero no puedo afirmar si se trata de un hombre del todo cuerdo). Willis sabe manejar bien su personaje, y lo lleva de acorde a la situación, transmitiéndonoslo como un personaje duro, pero a la vez consciente de la situación en la que se encuentra y de lo que debe hacer, quizás guiado por su leitmotiv (una secuencia, que abre la película, que presenció cuando era niño y que será la llave para entender el final de la historia). Pitt, por otro lado, está efectivo como loco, lo que sabe reflejar tanto con su look como con sus expresiones faciales y verbales.

Cole debe soportar el peso de la tarea que se le ha encomendado, y sufre tanto por evitar que el futuro inexorable se cumpla (con la probabilidad de cambiar su propio destino), como por los resquebrajamientos de su cordura: por lo extremo de su situación y por los estragos que causa viajar en el tiempo. La llegada de la doctora Railly alivia un poco la situación, su cordura e incluso, finalmente, hace surgir el amor entre ambos.

SPOILER…No obstante estos aires esperanzadores que emergen, al final, el destino se cumple: Goines y los doce monos no estaban detrás del virus (era tan sólo una broma contra su padre). Eso conlleva al verdadero origen del virus: un científico en pleno  viaje por las ciudades más grandes del mundo esparciendo el virus mortal. Cole y Kathryin tratan de detenerlo en un aeropuerto, pero todo termina en desastre: en una de las mejores secuencias del cine actual, y a un ritmo adecuado para la asimilación de las imágenes, presenciamos como Cole cae abatido por unos policías mientras el científico escapa con las cepas del virus, una adolorida Kathryin llega hasta el moribundo Cole, quien se da cuenta que ha cumplido su destino y que no pudo hacer nada para evitarlo. Las imágenes que Cole presenció en su infancia, su  leitmotiv, eran las escenas de su propia muerte; mientras tanto, un Cole niño, en ese mismo lugar, presencia su propia muerte (aún sin saberlo, por supuesto) y la historia vuelve a empezar…SPOILER

Gilliam, de esta manera finaliza su historia por donde empezó, en un ciclo infinito y nos deja un mensaje importante: no se pude hacer nada para cambiar nuestro destino, por más que lo intentes; si la humanidad está destinada a casi desaparecer, no se podrá hacer nada contra eso, porque somos seres insignificantes que no podemos luchar contra el destino, ese hado incomprensible.

Marco Macavilca Cruz

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EL ABOGADO EN EL OESTE AMERICANO DEL SIGLO XIX: APUNTES A PROPÓSITO DE DOS WESTERNS DE JOHN FORD

John Ford

Estado de Derecho e Historia: una estruendosa vitalidad

Hacia 1835 a los Estados Unidos le restaba recorrer un largo trecho para alcanzar la consolidación de un Estado de Derecho, no obstante que su Constitución había sido terminada, aprobada y firmada en 1787[1].  El país se enfilaría a concretar, con el paso del tiempo, tres dimensiones de la política: su independencia plena de Inglaterra, el republicanismo y la unión federal.

Hacia fines del siglo XIX Estados Unidos era predominantemente rural y agrícola. En la última década de ese siglo se vió, sin embargo, una irrupción: la terminación de los ferrocarriles que unieron el territorio de costa a costa, la organización en gran escala de la industria y la fase final de la organización política del territorio que quedaba al oeste de la frontera histórica del país[2].

Estos procesos tuvieron su correlato en el Derecho: la población se fue involucrando en los procesos públicos, en los temas legales; los hombres anhelaron la independencia por razones económicas, pero, en el fondo, de lo que se trataba, era de cautelar a través del Derecho, sus intereses individuales. La progresiva y conciente necesidad de una regulación legal generó una estruendosa vitalidad. Esa fuerza no se reveló mejor que en el episodio norteamericano de la historia del Oeste (el lejano Oeste):

“… el rápido desarrollo social y económico de esta población de una condición primitiva al nivel de la civilización contemporánea; la subyugación del indio; la ascensión y el ocaso del imperio de los minerales y del reino del ganado; la aparición de nuevos tipos de agricultura y de vida económica articulados con la geografía y el clima de las mesetas y de las Montañas Rocosas, y la organización de una docena de nuevos Estados dispuestos a hacer experimentos políticos y sociales.” (MORISON, Samuel Elliot; COMMAGER, Henry Steel y LEUCHTENBURG, W. E. Breve Historia de los Estados Unidos, 1987, FCE, Pag. 485)

Un capítulo central de la historia norteamericana (la consolidación del Estado de Derecho en el Oeste de los Estados Unidos, hacia finales del siglo XIX), es el telón de fondo de las líneas que siguen. El desempeño que la figura del abogado profesional tuvo en ese proceso será significativo. Formados en la costa Este de los Estados Unidos, en las universidades[3] que pronto florecieron y diseminaron profesionales por el resto del país, los abogados estarán llamados a cumplir un rol promotor del Derecho entre los habitantes (futuros ciudadanos), a lo largo de la nueva frontera que se extendía raudamente por el país.

El abogado en el Oeste norteamericano

Las personas en el Este del país (en la primigenia extensión geográfica de los Estados Unidos), aún de diversas procedencias sociales, actuaban con respeto a la ley, concibiéndolo como un instrumento, no como un fin; contaba no el concepto abstracto del sistema normativo jurídico sino el que las decisiones judiciales sean útiles y que el Derecho atendiera las necesidades de la colectividad[4].

Sin embargo, en algunos estados, como en Indiana, una exigencia previa para el ejercicio de la profesión fue haciéndose extensiva: no cualquiera podía/debía ser abogado, se prescribía una calificación moral para ejercer una profesión considerada influyente en un contexto en el que, el orden legal encausaba, de a poco, la vida social: el crecimiento exponencial del comercio de bienes y de tierras, la integración del país a través de un sistema de trenes, la difusión de los derechos civiles y políticos en las zonas más alejadas de la gran extensión de territorio que iba incorporándose al país formal en un lapso de tiempo no mayor a los veinte años[5].

Pero, ¿qué era exactamente un abogado en ese contexto? El progresivo incremento de su influencia fue haciendo que su labor al interior de la comunidad se distinga de otras profesiones, casi hasta convertirse en una clase social propia. Los abogados fueron distinguiéndose por su nivel educativo, por la institucionalidad que implementaron en torno al ejercicio de la profesión, por su poder económico o su filiación a un poder económico o por su funcionalidad en el creciente mercado de servicios[6].

Hubo otro rasgo, sin embargo, por el cual también se distinguió a los abogados: el compromiso profesional.  Inspirados en aquel cruzaron la nueva frontera del país (rumbo al Oeste) e ingresaron an un territorio en el que el Derecho libraría largas y duras batallas, en aras de promover los derechos civiles y políticos de los nuevos norteamericanos, aún no incorporados al país formal: colonos; granjeros, agricultores y comerciantes que partieron del Este al Oeste, a mediados del siglo XIX, en busca de un futuro próspero.

Cine y Derecho: la doble incidencia social

La Historia y el Cine entablaron diálogo tempranamente, el segundo se convirtió en una fuente de información para la primera. La lectura histórica de los filmes requiere el análisis del contexto en el que estos fueron realizados, de las motivaciones de los agentes que estuvieron detrás de la realización y del discurso propiamente, y el cine desarrolló vinculaciones interdisciplinarias y se constituyó a partir de actividades; de larga data algunas, inéditas otras y de naturaleza diversa, que le sirvieron de soporte y que, en interacción, alcanzaron nuevos y relevantes niveles expresivos: la literatura, el teatro, la danza, la música, pero también la fotografía, las técnicas sonoras y las que desarrollaron, propiamente,  la tecnología cinematográfica.

La capacidad de registro del Cine permite identificar una doble y enriquecedora relación: la vinculación del Cine con la Historia que, como fuente de ésta, nos remite a la relación que el Cine entabló también con el Derecho. Ambas disciplinas, Historia y Derecho, hicieron del Cine su nuevo objeto de estudio:

“… a lo largo de más de un siglo de historia, el cine ha reflejado constantemente la vida del Derecho: muchos de los grandes argumentos cinematográficos son asuntos jurídicos. Por eso no es extraño que haya surgido un movimiento que se ha denominado Derecho y Cine, y que se dedica a estudiar las relaciones entre ambos fenómenos… estudios que analizan concretas instituciones (el proceso en el cine, el divorcio en el cine, la pena de muerte en el cine, etc.) o la ideología jurídica que se refleja en cierta filmografía…” (RIVAYA, Benjamín. Derecho y Cine: Sobre las posibilidades del cine como instrumento de la didáctica jurídica,  2006, Tirant lo Blanch, Pag. 12)

Es posible identificar entre la ternura y la agridulce comicidad de “The Kid” (1921), de Charles Chaplin, el tratamiento que las autoridades dan a la infancia, en aplicación de la denominadaDoctrina de la Situación Irregular, la que justifica una intervención represiva contra niños y adolescentes (por aquel entonces denominados: menores), en estado de abandono.

Otro tanto sucede en la cinta “Anatomy of a murder” (1959), de Otto Preminger, pieza clásica que presenta los pormenores de un juicio penal y en la que asistimos al proceso que está antes del proceso; es decir, al prolijo acercamiento del abogado (encarnado por James Stewart), al caso y a sus protagonistas, antes de decidir si habrá de asumirlo o no.

En la comedia “Ahí está el detalle” (1940), de Juan Bustillo Oro, el acusado Cantinflas, apertrechado de su verborrea envolvente y desestabilizadora, y en la que es considerada una de las más sobresalientes performances de su carrera, hace trizas la racionalidad de la argumentación jurídica y la solemnidad de una corte, mientras se defiende de una injusta acusación de homicidio.

Los ejemplos citados son botón de muestra de aquello que Francisco Soto Nieto y Francisco J. Fernández denominan: “… la doble incidencia social del Derecho y del cine.”[7]; el cine capta los procesos y las coyunturas de aquel y, en particular, sus crisis, las que no solo tienen lugar al interior de una corte o en los meandros de un proceso sino que provienen de la vida misma:

“El Derecho se monta sobre la vida social misma, la fenomenología jurídica se integra por acaeceres (sic) arrancados del calendario cotidiano. El Derecho se apoya fundamentalmente sobre una serie de experiencias vividas o de razonable fundabilidad… La vida humana constituye la base y la razón del Derecho… Es reflejo de la obra y la acción del hombre…” (SOTO y FERNANDEZ. Imágenes y Justicia. El Derecho a través del cine, 2004, La Ley, Pag. 12)

Benjamín Rivaya propone una organización temática de las relaciones entre el Cine y el Derecho. Primero, sostiene, existe un Derecho cinematográfico que comprende, en sus diversos aspectos, el fenómeno del cine y abarca amplias zonas temáticas del ordenamiento jurídico (constitucional, penal, civil, internacional). “Modern Times” (1936), de Chaplin encajaría en la clasificación de un cine de tipo laboral.

En segundo lugar, analiza el fenómeno jurídico en los relatos cinematográficos; se ocupa de la historia que se construye cinematográficamente y es mostrada sobre el écran.   Finalmente, hace referencia al Derecho como drama, como cine mismo; en donde cada actor interpreta el papel que le corresponde según las normas jurídicas, tal y como sucede en “Sargeant Rutledge” (1960), de John Ford, suerte de western jurídico en donde el Tnte. Cantrell (Jeffrey Hunter), asume la defensa del personaje que da título al filme (Woody Strode): un Sargento negro acusado de violar y dar muerte a una joven blanca[8].

En esta línea de análisis el género denominado Western aportará relatos en los que el factor justicia (o la falta de este), es central: “La justicia, tal como puede entenderse hoy, fue una utopía en los tiempos del lejano oeste.”[9]. Era la justicia del hombre; la del justiciero, antes que la de un sistema legítimo de normas. Era el tiempo de la horca, antes que el de la corte; del sheriff, antes que el del juez; del duelo reivindicatorio, antes que el del razonamiento jurídico. El western es el reflejo de un escenario en construcción; de un proceso violento, fratricida y de avasallamiento. Y en los cauces que se fueron generando, paulatinamente, el Derecho fue dejando su marca; reordenando el caos y contribuyendo a edificar las estructuras institucionales de una naciente nación: los Estados Unidos.

Sobre John Ford; Vida y Western

Sean Aloysius O´Feeney, más tarde Jack Ford, y quien solo una vez consagrado en cineasta se hará llamar John Ford, nació en los últimos años del siglo XIX (1894), en el estado de Maine, la última frontera de la costa noreste norteamericana. Fue el último de once hijos de un matrimonio irlandés. Su padre fue un tabernero que solía apoyar y orientar a otros irlandeses inmigrantes[10]. Tal condición social lo hizo un marginal de su tiempo (fuertemente vinculado a las tradiciones de su comunidad de origen[11]), aunque con posibilidades de abrirse paso, esforzadamente, en la construcción del “sueño americano”[12], en contaste con las nulas, pocas o escasas opciones para otros grupos sociales (los afroamericanos, por ejemplo)[13].

Un hecho en la vida de John Ford pone de manifiesto su valor moral y su ascendencia en la sociedad norteamericana. Beverly Hills, 1950, Cecill B. de Mille (director de “Los diez mandamientos”, versión con Heston en el papel de Moisés), lidera un grupo del Sindicato de Directores, se pretende echar a Joseph Mankiewicz del cargo de presidente en virtud de sus convicciones liberales. John Houston, Billy Wilder, William Wyler, Fred Zinnemann, entre otros, firmaron una petición protestando por lo que consideraban era un gesto de irracional intolerancia. Tras el discurso de George Stevens instando a de Mille a retractarse, Ford pide la palabra y dice:

“Me llamo John Ford, …, y hago westerns… No creo que haya nadie en esta sala que sepa más sobre lo que quiere el público americano que Cecil B. de Mille, y, ciertamente, él sabe cómo dárselo. En ese aspecto le admiro … Pero tú no me gustas, C.B. … No me gusta lo que representas y no me gusta lo que has estado diciendo aquí esta noche. Joe  (Mankiewicz) ha sido vilipendiado, y creo que se merece una disculpa. Entonces me parece que sólo hay una alternativa, y, por la presente, propongo que el señor de Mille y el consejo en pleno dimita y que demos a Joe un voto de confianza, y que después nos vayamos a casa y dormamos un poco. Mañana tenemos unas cuantas películas que hacer.”  (LINDSAY ANDERSON, Sobre John Ford. Escritos y conversaciones. Ediciones Paidós Ibérica SA,  2001, Pag 245)

Ford se impuso y triunfó (los miembros votaron siguiendo la moción de Ford, de Mille dimitió y Mankiewicz obtuvo un voto de confianza). Merced a su sentido de la oportunidad, a su talento dramático y a su ascendencia sobre el grupo de notables y respetabilísimos directores de cine, desafió a de Mille y provocó su derrota y aunque Ford no fuera un liberal estrictamente, no le resultó difícil defender tales ideales en público[14]. Ciertamente la cita deja por sentada, también, la pragmática ironía de su carácter. La salida con la que remata la tensión de su desafío a de Mille –mañana tenemos unas cuantas películas que hacer-, parece sugerir, finalmente, una actitud despreocupada, pero la claridad principista de su posición es indubitable: respeto en medio de la diversidad, como contrapartida ante la intolerancia.

Ford fue un hombre de su tiempo, vivió de cerca la historia de su país (hijo de inmigrantes en una nación que se hizo sobre la base de luchas fratricidas, de la violenta ocupación de vastos territorios inexplorados, de las oportunidades para el esfuerzo individual promovidas desde el capitalismo y signadas por el conservadurismo religioso), y la historia pasó por él dejando una huella indeleble.

Su figura creció geométricamente con el tiempo; de ser un aprendiz de cineasta en los inicios del Hollywood pujante, pasó a desarrollar una carrera con temas y preocupaciones propias, en directa relación con el devenir del país: la familia como base y referencia central de la sociedad norteamericana, el sentido de la justicia y el orden social, los seres marginales en una sociedad que también era discriminadora, la lealtad, el arrojo y la renuncia personal.

Los reflejos de la ocupación del Oeste y algunos de sus protagonistas se percibían aún[15], recientes, en la sociedad norteamericana de inicios del siglo XX, aquellos se convertirían en el primer gran insumo temático para el naciente cine norteamericano y Ford, bajo un inconfundible estilo personal, sabría aprovecharlo. Se daba así la partida de nacimiento al género Western y John Ford, a diferencia de otros realizadores, estuvo involucrado desde sus inicios.

Dos Western de John Ford: Sergeant Rutledge y The man who shot Liberty Valance

Sergeant Rutledge, (1960) o El Sargento negro (SR)

Director: John Ford

Duración: 111 Mins.

Sinopsis: Ambientada en 1861 y basada en una historia de James Warner Bellah, SR narra los  hechos de un proceso penal en la corte militar del Cuartel General del Ejército de los Estados Unidos, sección sudoeste. El Sargento afroamerciano Braxton Rutledge, un ex-esclavo manumitido, que da título al filme (Woody Strode), es acusado de violar y asesinar a una joven blanca y a su padre (su comandante en el regimiento), antes de huir de la escena del crimen. El abogado defensor de Rutledge; el Tnte. Tom Cantrell (Jeffrey Hunter), está convencido de la inocencia de Rutledge y asume su defensa ante un tribunal de oficiales blancos, presidido por el Coronel Fosgate (Willis Bouchey), contra la mayoritaria opinión de los militares y civiles asistentes a la sala a cerca de la responsabilidad de Rutledge. A través de un largo flash back seguiremos la narración de las incidencias (acontecidas en un lapso de tiempo más bien breve), que harán los testigos de la defensa y del férreo fiscal; el Capitán Shattuck (Carleton Young) y de los alegatos y contra argumentaciones de ambas partes. Cuando la culpabilidad del acusado y la sentencia condenatoria sobre Rutledge parecen inminentes, se comprueba la responsabilidad por los crímenes de otro personaje y el acusado es absuelto ante la sorpresa de los asistentes. La inocencia del Sargento reivindica, de alguna forma, la dignidad de otros integrantes de la tropa, afroamericanos como Rutledge.

The man who shot Liberty Valance, (1962) o El hombre que mató a Liberty Valance (LV)

Director: John Ford

Duración: 123 Mins.

Sinopsis: Es 1910 y el senador y abogado Ransom Stoddard (James Stewart) regresa a Capitol City junto a su esposa Hallie (Vera Miles), vuelven para el funeral de Tom Doniphon (John Wayne). Un moderno tren, la iglesia local y la escuela representan el progreso de la ciudad. Stoddard será abordado por periodistas del periódico Shimbone Star y empezará así un largo flashback que nos transportará hasta 1880, cuando Stoddard era sólo un abogado practicante acabado de llegar a Capitol para ejercer una suerte de apostolado laico del derecho; ad-honoren y con afán promotor de derechos civiles. Capitol City era también la zona de influencia de Liberty Valance (Lee Marvin), un matón a sueldo de los grandes ganaderos, adversario de Doniphon, curtido también en la cultura del Oeste. Stoddard desarrollará una estrategia de promoción y ejercicio de derechos civiles para los pobladores de Capitol City: habilitará una escuela para el dictado de clases de historia y de lenguaje (para niños y adultos analfabetos), ofrecerá sus servicios profesionales gratuitos en asociación con un periodista y promoverá la participación política de los pobladores para elegir un delegado que represente a Capitol City en la próxima Convención territorial que decidirá la anexión del Estado al régimen federal. Los ganaderos están a favor de un Open range o territorio libre, a tono con la propiedad de miles de cabezas de ganado que pastan sin restricciones por las tierras circundantes, guiados por vaqueros a sueldo, como Liberty Valance. Los habitantes de Capitol City son persuadidos por Stoddard para optar por el Statehood o régimen de Estado; buscan, al asimilarse a un régimen político nacional, la protección de sus granjas y tierras de producción que se extienden alrededor de la región. Tras un duelo público crece la leyenda del abogado que vengó las infamias de Liberty Valance, sin embargo el rudo Doniphon revelará un hecho que el propio Stoddard desconoce y que habrá de impulsar la carrera política del abogado practicante.

Rol promotor del abogado en SR y LV: hacia el Estado de Derecho

Rutledge: el futuro, que es hoy

Durante la Segunda Guerra Mundial John Ford prestó servicios en la Armada, registrando en cintas el fragor de los combates. Ford voló innumerables veces el Himalaya y estuvo en el desembarco en Normandía el Día D, filmándolo[16]. En sus western posteriores a esta etapa de la historia, la Caballería y los militares en el contexto del Oeste norteamericano cobraron protagonismo[17], pero en SR los militares se convirtieron en protagonistas de un relato con netas dimensiones jurídicas en el fragor del oeste norteamericano, inédito en el cine de Ford.

En la época de estreno del filme la discriminación racial era un tema de debate nacional en los Estados Unidos[18]. La crudeza de los cargos que pesan sobre Rutledge refuerza el valor de la búsqueda de la verdad por el abogado militar Cantrell. El tema es la discriminación que pesa sobre un ex esclavo manumitido y asimilado al ejército norteamericano, cuando los indios habían sido ya sometidos y confinados en reservaciones (como a la que se hace referencia en el filme). Del proceso a Rutledge pende, además, un  juicio moral sobre sus compañeros de armas, afroamericanos como él.

Está claro que Cantrell confía en la inocencia de Rutledge y la sostiene desde el interior del sistema de justicia militar, en cuya institucionalidad y reglas confía, no obstante el ánimo de la Sala (el jurado durante un receso arma un juego de póker en la sala contigua y expresa su sorpresa cuando Rutledge, al inicio del proceso, rechaza los cargos que se le imputan y se declara inocente), pues sabe que la fuerza de la ley, finalmente, tutela las garantías que sirven de marco al debido proceso: en un momento determinado Cantrell solicita al juez desaloje la sala ante la actitud  de un público enardecido. No es la misma actitud la del Fiscal, quien en su afán de demostrar la responsabilidad de Rutledge, conduce los testimonios y orienta el sentido de las pruebas buscando impactar al jurado, a pesar que de aquellos no se desprende la culpabilidad del acusado.

La actuación del abogado defensor al interior del sistema de justicia: “… al facilitar el desarrollo del proceso e identificar las fuentes que servirán de respaldo para la decisión de la autoridad,…” [19], contribuye al funcionamiento del mismo. Cantrell presenta los elementos a través de  testimonios y  pruebas y deja al jurado establecer sus conclusiones, no capta o dirige la atención manipulando los hechos o buscando un mero impacto sino que su búsqueda de justicia antepone el esclarecimiento de la verdad: la defensa en estrecha relación con la búsqueda de la verdad. Así, denuncia los actos del fiscal que  no se ajustan a la legalidad de la justicia militar durante el proceso (el código militar, citado en reiteradas ocasiones).

John Ford

“No peleamos por los blancos”, le responde Rutledge a un soldado agonizante, afroamericano como él, “peleamos por nuestro propio orgullo, algún día estaremos orgullosos.” El abogado defensor sabe que ese día no ha llegado aún (el día del orgullo: de su integración plena a la sociedad norteamericana del siglo XIX; a pesar que es un militar en servicio Rutledge es un estadounidense de segunda clase), pero confía en la justicia militar; en esa sección del sistema legal de su país[20] y desde allí actúa para alcanzar un propósito, no obstante que el acusado, tras encontrase frente a la escena del crimen, huyó tras prever que, a pesar de su inocencia, sería sentenciado en base al prejuicio por su origen racial. La actuación profesional de Cantrell es clave para fomentar el respeto por los principios y las garantías legales. Es una forma válida (legal), de hacer posible que ese futuro sea cada vez más un presente.

Cantrell tiende a realizar el bien, con justicia, y el Derecho es su instrumento. Trazegnies Granda diría que el uso de ese instrumento debe ser sometido a un examen prolijo por la conciencia moral individual a fin se emplee de manera acorde con los valores personales[21]. La figura del abogado (militar) que registra Ford en SR es la de un Cantrell que no solo pretende evitar un daño (la sanción penal a un inocente), sino que, además, persigue el bien (la reivindicación e integración de los militares afroamericanos a la sociedad norteamericana).

Liberty Valance: La educación, base de la ley y del orden público

“… el abogado que sienta la importancia social de su misión podrá ser verdaderamente como un centinela avanzado de los tribunales …”[22], así es Ransom Stoddard, el político norteamericano que al inicio de la historia es un abogado practicante que llega a Capitol City con el fin de desarrollar una especie de pasantía cívica. Capitol City vive al límite de la historia, sus habitantes tendrán que decidir el futuro político del Estado y para ello un abogado les explicará las implicancias de sufragar, elegir representantes y exigirles cuentas, de integrar una institucionalidad nacional que los proteja de la prepotencia de los ganaderos, que promueva y garantice sus derechos como ciudadanos. La decisión no será fácil y prepararse para tomarla exigirá ciertos requisitos.

Capitol City es un bolsón de pobreza legal[23]. La ignorancia de los habitantes es el clima deseado por los ganaderos quienes aspiran a que no haya un cambio en la organización política del Estado; es decir, para que la ley impuesta por los vaqueros a sueldo perdure en provecho de sus negocios, los que no requieren de institucionalidad que los cobije.

Dos modelos de economía y de organización política se contraponen: uno nómada, con vastos territorios por donde circulan las cabezas de ganado; y otro promotor de  la ciudadanía alrededor de centros poblados, que demanda la construcción y el sustento legal  de ciudades (colegios, iglesias, comercios, juzgados y comisarías; bajo la esfera del Estado federal).

La propiedad, la opinión, la vida y la libertad están en juego y el abogado Stoddard jugará un rol central como promotor de los derechos ciudadanos, en una suerte de práctica probono. Stoddard es un: “… estructurador, conocedor, aplicador e intérprete del Derecho … un ´coordinador de la acción humana´, y a su vez un servidor de la justicia, …”[24].

Capitol City es la síntesis del Oeste norteamericano: un vasto territorio a donde la Ley aún no llegó, carente de instrucción ciudadana y sin capacidad de ejercicio de los derechos que en el Este, de donde proviene el practicante Stoddard, son de practica común. La salud de esa sociedad esta resentida. El abogado tiene frente a sí una labor estelar: promover la ciudadanía, contribuir a la forja del Estado.

Por Martín Sánchez Padilla


[1] “Sin embargo, no había empezado aún la parte decisiva de la lucha por una unión más perfecta; pues el documento al cual la Convención Federal había dedicado tanto talento y trabajo requería el consentimiento de unas convenciones de elección popular, al menos en nueve Estados, para llegar a ser una Constitución.” En: MORISON, Samuel; COMMAGER, Henry y LEUCHTENBURG, W.E. “Breve historia de los Estados Unidos.”   México DF, FCE, 1987. pp. 159

[2] La región denominada Oeste norteamericano se extendía desde la longitud 98 hasta las Montañas Rocosas, y de Texas a la frontera con Canadá. Op. Cit. P. 485

[3] Harvard, New York, Yale. En: Op. Cit. P. 259

[4] MAGALONI, Ana. “El poder judicial”, en: FERNANDEZ DE CASTRO, Rafael y BLACKMORE, Hazel (compiladores) “¿Qué es Estados Unidos?” México, FCE, 2008. pp. 245

[5] De 1870 a 1890 la frontera que terminaba, partiendo de la costa este de los EEUU, se extendió por gran parte del desierto, con una rapidez sin precedentes. Los primeros colonos empezaron a invadir una región que, hasta entonces, estaba poblada, básicamente, por indios y mormones. Ver MORISON, Samuel; COMMAGER, Henry y LEUCHTENBURG, W.E. “Breve historia de los Estados Unidos.”   México DF, FCE, 1987. pp. 485

[6] HURST, James Willard “The Growth of American Law. The law makers.” Boston; Little, brown and company, 1950.  pp. 249 y 253.

[7] SOTO NIETO, Francisco y FERNANDEZ, Francisco J. “Imágenes y Justicia. El Derecho a través del Cine.” Madrid, La Ley, 2004. pp. 12.

[8] RIVAYA, Benjamín “Derecho y Cine. Sobre las posibilidades del cine como instrumento para la didáctica jurídica”,  En: “Una introducción cinematográfica al derecho.” España, Tirant lo Blanch, 2006. pp. 17-18.

[9] CASAS, Quim. “El western, un género sin justicia”, En: Nosferatu, revista de cine, N. 32 2000. pp. 17

[10] EYMAN, Scott y DUNCAN, Paul consignan que el padre de Ford, John Feeney, abrió una tienda de comestibles que en realidad era la fachada de un bar ilegal, a causa de la ley seca imperante en Maine, en: “John Ford. Filmografía completa”. (Madrid, Taschen, 2004) Pag. 19.

[11] Los irlandeses eran una comunidad matriarcal, beligerante y chauvinista, cerrada a los extraños y concesiva con los suyos. Un grupo que aún luchaba por ganarse la aceptación social. MC BRIDE, Joseph y WILMINGTON, Michael. “John Ford.” Madrid, Ediciones JC, 1996. pp. 20.

[12] Op. Cit. P. 20.

[13] En “The inmigrant” (1917), Charles Chaplin aborda a su estilo la travesía de los inmigrantes europeos a América. Esteve Rimbau, comentando el corto en “Charles Chaplin” (Madrid, Cátedra, 2000), señala: “Aquí se impone el final feliz pero detrás queda la tragedia de los emigrantes que creyeron llegar a la tierra prometida…” Pag. 239.

[14] Pero el Macartismo recién empezaba y la lista negra creció, con el tiempo Houston tuvo que salir a Europa, Nicholas Ray partió también al exilio y Joseph Losey siguió igual camino. Otro de los defenestrados fue Charles Chaplin, reivindicado con un Oscar honorífico en 1971.

[15] Wyatt Earp y Bufalo Bill eran asiduos a los platós donde se filmaban westerns, Ford trabó amistad con ellos  en los primeros años del cine aún silente, los relatos de Earp fueron la base sobre la que años mas tarde rodaría el clásico “La pasión de los fuertes”, donde recrea el célebre duelo en el Corral Ok. entre Earp y los hermanos Clayton.

[16] ANDERSON, Lindsay. “Sobre John Ford. Escritos y conversaciones”. Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica S.A., 2001. pp. 117.

[17] Ver cintas “Fort Apache”, “3 Godfathers” (1948), “She wore a yellow ribbon” (1949) o “Rio Grande” (1950).

[18] Ver MORISON, Samuel; COMMAGER, Henry y LEUCHTENBURG, W.E. “Breve historia de los Estados Unidos.”   México DF, FCE, 1987. pp. 826 a 827

[19] Ver CHOCANO, Christian y BOZA, Beatriz “Misión de la profesión ¿Cuál es el papel del abogado?”, en: “Exposición de motivos. Proyecto de código de Ética y responsabilidad del profesional en Derecho” Lima, Themis, 2008.  pp 25

[20] Op. Cit. P. 27

[21] TRAZEGNIES GRANDA, Fernando. “La moral y el Derecho”, en: “Iust Et Veritas” N. 33, 2006 pp. 409.

[22] CALAMANDREI, Piero. “Demasiados abogados”. Madrid, Librería General de Victoriano Suárez pp. 8, En: PIÑEYRO, Ana. “Difusión del derecho”, En: “Compendio de ensayos de Ética y responsabilidad profesional del abogado.”. Lima, Themis, 2008. pp. 22

[23] DEL MASTRO, Fernando. “Pobreza legal y pobreza lega extrema.”.  Lima, Themis 53, 2007. pp 260, en:  PIÑEYRO, Ana. “Difusión del derecho”, En: “Compendio de ensayos. de Ética y responsabilidad profesional del abogado.”. Lima, Themis, 2008. pp. 28

[24] CARPIZO, José. “El abogado mexicano”. México, UNAM, 1981. pp.4 En: PIÑEYRO, Ana. “Difusión del derecho”, En: “Compendio de ensayos de Ética y responsabilidad profesional del abogado.”. Lima, Themis, 2008. pp. 32