MEJORES PELÍCULAS VISTAS EN EN XV BUENOS AIRES FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE INDEPENDIENTE (Bafici)

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El Rey (Su Re, 2012), del italiano Giovanni Columbu, fue una de las mejores películas que vi en la reciente edición del Bafici. Esta versión sobre la pasión de Cristo en vez de ambientarse en Jerusalén, Israel —específicamente en el Gólgota—, está filmada en la isla de Cerdeña y sus personajes hablan en sardo. Esto de por sí ya la convierte en una obra singular. Sin embargo, es la forma en que son y están filmados los personajes, el modo en que el director los distribuye en el encuadre, así como el tono y el tempo en que se suceden las situaciones lo que hacen que El Rey sea una obra que en varios momentos subyugue y apasione, en virtud de la fuerza visual desplegada en la puesta en escena. Asimismo, la desdramatización con la que los actores encarnan a sus personajes logra que el espectador se fije sobre todo en los detalles; es decir, en sus rostros y gestos, y en el espacio circundante.

Sin duda alguna el director ha tenido dos influencias claras para la realización de su filme. La primera en el plano pictórico es Caravaggio, el genial pintor italiano, por el uso que hizo de las sombras y las luces en sus cuadros, con lo cual radicalizó y revolucionó la técnica del claroscuro. Esta utilización de las luces y sombras se deja ver notoriamente en la película. Y la segunda en el plano cinematográfico es El evangelio según San Mateo, de Pier Paolo Pasolini, no sólo por la humanización que se hace de Jesucristo, sino por la austeridad y ascetismo fílmicos, y por la elección de actores, o no actores —con rostros pétreos, duros, toscos— quienes interpretan a los apóstoles y a los demás personajes bíblicos, y que los muestra como seres profundamente reales, sin maquillaje ni artificio ninguno.

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Como habrá advertido claramente el lector, esta cinta está en las antípodas de La Pasión de Cristo, de Mel Gibson. “Podría haber”, sin embargo, un punto que las empariente, y es la presencia de la violencia en el momento previo en que Cristo es juzgado y posteriormente crucificado. No obstante, si en la cinta de Gibson dicha violencia era explícita y sensacionalista, en la de Columbu, en cambio, está en off. Uno escucha los golpes y gritos de dolor, pero no los ve, lo cual hace más estremecedor y siniestro el sufrimiento crístico, porque uno apela a su imaginación.

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Tchoupitoulas (2012)

Describe el recorrido de un niño y dos adolescentes, parientes entre sí —oriundos del estado de Lousiana—, quienes parten desde su casa ubicada en la calle Tchoupitoulas y que llegan hasta el centro de Nueva Orleans. El viaje y la brevísima estancia en esta ciudad, que sólo dura una noche, hará que los tres descubran un mundo novedoso, extraño a la vez que fascinante. Esta terra incognita será para ellos el escenario en el cual descubrirán y experimentarán sensaciones inéditas y atractivas, pues serán testigos de los espectáculos callejeros, de quienes los conforman y de los concurrentes. Asimismo, la música presente por todos lados y de distinto tipo los acompañará por cualquier lugar adonde vayan. La ciudad no solo respira música, sino también sexo, lo cual conforma una atmósfera pletórica de vitalidad.

Esta travesía iniciática, que únicamente durará unas cuantas horas, será una comprimida historia de aprendizaje al modo de las bildungsroman, y además significará para estos seres una suerte de rito de paso del cual habrán obtenido más de una experiencia que les servirá para dejar atrás una etapa de sus vidas e iniciar otra.

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El filme grabado como un documental por la manera en la que son registrados los desplazamientos de los tres muchachos, quienes no son actores, y por la distancia con que se los toma no llega a serlo del todo, pues hay una narración que los va llevando de modo sutil y que va contando una historia. Sin embargo, no hay en ella parlamentos ni diálogos prolongados. Tchoupitoulas es un ejemplo logrado de lo que se conoce desde hace ya un tiempo como docuficción o ficción documental.

Por César Guerra Linares

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APICHATPONG WEERASETHAKUL VIENE AL PERÚ

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Es una gran noticia que venga al Perú uno de los directores más rupturistas y originales de fines del siglo pasado, y de la actualidad, me refiero al tailandés Apichatpong Weerasethakul. Un gran logro del Lima Independiente Festival de Cine. Sin duda, este hecho ayudará a que el festival consiga su consolidación tanto en el ámbito nacional como internacional y que se convierta, en un futuro cercano, en uno de los festivales más importantes del continente. Asimismo, vendrán el notable documentalista francés Sylvain George y el muy buen director argentino José Celestino Campusano. Un gran saludo a los organizadores por estas consecuciones.

 

 

CÉSAR GUERRA LINARES

Director, editor y cofundador de También los Cinerastas Empezaron Pequeños