MUERTE DETRÁS DE LA ESCENA

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 Hollywoodland (2006) – Allen Coulter

La elección el pasado 24 de febrero de Argo como Mejor Película en los últimos premios Óscar ha puesto a Ben Affleck, en su faceta como director, en un lugar merecido. Se ha dicho y con razón que su carrera actoral en conjunto no es muy destacable sea por las cintas en las que ha participado, sea por sus actuaciones no del todo satisfactorias. Sin embargo, hay una actuación —aparte de la que  tiene en Argo, en la que está muy en caja— que contradice las opiniones de que Affleck no es un buen intérprete; y esa es Hollywoodland, de Allen Coulter, con la que obtuvo la Copa Volpi a Mejor Actor en el Festival de Venecia del 2006. Por tal motivo me ha parecido necesario escribir un texto sobre este filme interesante.

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La muerte del actor George Reeves, quien personificara a Superman en la década de 1950, sirve como base para Hollywoodland, que entre otros asuntos devela ciertos aspectos de lo que ocurría detrás de cámaras no solo en lo referente a la vida de Reeves, sino al aparato hollywoodense, léase: actores, productores, publicistas, empresarios, etc. El filme está contado desde dos tiempos cronológicamente cercanos, lo cual divide a este en dos historias. El primero tiene como eje central al propio Reeves —Ben Affleck, en su mejor actuación hasta la fecha— desde que hace el cásting para lograr el papel de Superman hasta los últimos instantes de su vida. Mientras que el segundo gira en torno del detective privado Louis Simo (Adrien Brody), interesado en descubrir los móviles de la misteriosa muerte.

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Este filme contiene dentro de sí algunos géneros, como el cine policial de investigación combinado con algunas dosis de thriller, pero también posee un corte parcialmente biográfico sobre Reeves. No obstante, su apariencia total es la de un film noir de los años cuarenta o cincuenta por la cargada atmósfera que se siente en varias secuencias, por el uso de tonos de color matizados cercanos al claroscuro y sobre todo por la presencia de un detective despreocupado y cínico que no tiene reparos en cometer alguna tropelía para conseguir lo que busca.

El ritmo de la película es pausado, lo cual permite que las situaciones se descubran progresivamente y que vayamos conociendo el quehacer de cada uno de los personajes sin mayor apuro. El director Coulter privilegia los tiempos calmados principalmente en las secuencias en las que aparece Simo realizando sus trabajos investigatorios.

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En la primera parte se advierte la diversa suerte que corren tanto Reeves cuanto Simo, puesto que vemos el ascenso del actor así como la subsiguiente llegada de la fama y el dinero. En tanto que observamos en Simo a un detective dedicado a investigar casos sin mayor relevancia únicamente para sobrevivir; excepto en el momento en que inicia la investigación de la muerte del actor.

Sin embargo, al avanzar la historia se nota paulatinamente un cierto paralelismo en ambos, primeramente en lo que respecta a sus estados de ánimo, pues existe en los dos un desgano por la vida, además de una sensación de fracaso que los agobia. En segundo término, las circunstancias por las que estos atraviesan dejan ver en mayor medida sus semejanzas. Incluso hacia el final parecieran confluir notoriamente los destinos de los dos personajes —si bien uno de ellos acabará muerto—, generando así un aire desencantado, resumido en la secuencia en la que Simo mira una filmación de Reeves haciendo movimientos de karate.

En cuanto a su actuación, Affleck está muy bien en los momentos en que tiene que representar a Superman. Asimismo, en las secuencias que retratan su vida íntimo-familiar se desenvuelve con soltura y naturalidad sin necesidad de hablar de más. Affleck en ningún momento cae en histrionismos exagerados ni en disfuerzos gestuales y ampulosos. Su performance es en gran medida contenida y se acerca a esa frase que reza: menos es más.

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La estructura de Hollywoodland juega intercalando los tiempos en los que se presentan las historias de George Reeves y Louis Simo. Esto hace que vayamos notando más claramente lo que referíamos respecto del paralelismo entre la vida y las acciones de ambos personajes. De las dos historias la de mayor interés es la de George Reeves, porque nos revela de manera cumplida a una persona que representaba un personaje como Superman, al cual detestaba, pero que tenía que inperpretarlo como medio para obtener un ansiado fin: el ser considerado un actor de carácter. Por ello, están bien las secuencias en las que por un lado vemos al actor detestando ponerse el traje del superhéroe. Y por otro, fingir estar de buen humor ante unos niños que lo ven comiendo en un restaurante.

Por otra parte, un acierto de la cinta es retratar, también, el ambiente naif que rodeaba a la parafernalia del superhéroe y a la televisión de los años cincuenta. Además, lo que determina el escaso afecto que Reeves sentía por su personaje y la razón por la cual la industria no lo tomaba en serio como actor se debía a que ésta lo consideraba encasillado en un único rol. La historia en la que participa Simo aunque en conjunto es correcta, se siente a veces bastante deudora, aun imitativa, de toda la tradición del cine negro estadounidense; amén de que por momentos el personaje se desborda, saliéndose del cauce de lo que, en general, es su temperamento en toda la cinta.

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Respecto de la maquinaria de Hollywood la película nos la presenta en su lado menos glamoroso, mostrándonos a un personaje como Eddie Mannix (Bob Hoskins) rayano en lo mafioso, característica que no sorprende del todo debido a que sabemos, incluso hoy, acerca de todas las presiones que ejercen los grupos de poder insertados en la industria del cine para conseguir el beneficio deseado.

Por último, si bien en Hollywoodland se postulan tres hipótesis —ideadas por Simo— sobre la muerte del actor, el objetivo final no es elegir ninguna de ellas, sino exhibir las circunstancias que pudieron provocarla.

 Por César Guerra Linares

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