TARDES DE TENSIÓN

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Solo dos años después de la valiosa Serpico, Sidney Lumet dirigió otra película central en su filmografía: Tarde de Perros. En la que convocó nuevamente a Al Pacino, en esa ocasión para que encarnara a Sonny Wortzik, un delincuente novato que toma junto con dos amigos la decisión de asaltar un banco. Lumet aborda tal como lo hiciera en Serpico un hecho real ocurrido en la sociedad estadounidense de 1972; y lo realiza aplicando todo su bagaje como narrador de historias y plasmando todos los recursos disponibles para crear una puesta en escena que sirva cumplidamente como teatro de operaciones de lo que cuenta.

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Lumet refleja en su película de manera señera el clima que se vivía en la década de 1970 y le toma el pulso a las situaciones de aquel momento, que era prácticamente el mismo en el que se rodaba la cinta; no obstante, su pretensión no fue la de hacer un fresco de época, sino más bien por medio de simples pinceladas dar cuenta de algunos hechos ocurridos a la sazón.

Sonny Wortzik al desarrollarse Tarde de Perros se descubre ante el espectador no como un asaltante de actitudes matonescas emparentado al típico villano visto en un sinfín de películas de calidad variable, sino que es sobre todo un antihéroe en el que prevalecen, como en personajes de este tipo, características antiéticas en las que el personaje en cuestión tiene su propia moral; además de ser antisocial y aun con una cuota de cerrazón mental. El antihéroe no es per se bueno ni malo, depende del ángulo desde donde se lo observe. Wortzik aunque presente los rasgos que acabo de exponer no deja de ser muy a su modo un “héroe” que busca lograr un objetivo que él considera correcto, aun cuando se valga de acciones contrarias a la ley. Siendo esta ley y el sistema los que lo devolverán irremediablemente a la áspera realidad.

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Por otra parte, Lumet expone el enorme poder que en la década de 1970 tenía ya la televisión sobre los habitantes estadounidenses; por tanto un asalto de banco con secuestrados incluidos se convierte en un espectáculo mediático cercano a un reality show, que a veces llega a extremos rayanos en la comedia; lo cual consigue quitarle tensión a lo que se palpita en esos momentos. Tarde de Perros es en suma una película con una mirada lúcida y dura de una realidad inamovible, capaz de anular cualquier intento de salida del orden.

Por César Guerra Linares

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