CONFLICTO ÍNTIMO Y EXTERNO

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Hace poco cuando vi, luego de algunos años, la muy buena película El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate) (1962), de John Frankenheimer, recordé haber asistido en el 2004 a una función de prensa del filme El embajador del miedo (The Manchurian Candidate) (1994), de Jonathan Demme, cuyo estreno fue inexplicablemente cancelado en el Perú. Por ello, decidí hace unos días volver a verlo y redescubrí que era más que interesante. A continuación, el texto que he escrito sobre las impresiones dejadas.

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El embajador del miedo es un remake parcial o más precisamente una versión de El mensajero del miedo. Ambos filmes están basados en la novela del mismo nombre: The Manchurian Candidate, de Richard Condon. En la cinta de John Frankenheimer actuaban Frank Sinatra, Laurence Harvey, Janet Leigh, Angela Landsbury, entre otros actores y actrices. En la versión del 2004 forman el reparto: Denzel Washington (Ben Marco, oficial en retiro); Liev Schreiber (Raymond Shaw, sargento en retiro y candidato a la vicepresidencia de su país); Meryl Streep (Eleanor Shaw, madre de Raymond); Jon Voight (Thomas Jordan, senador); Kimberly Elise (Rosie, agente de policía), et álli.      

El embajador del miedo es una obra que dentro de sí concentra diversos géneros y subgéneros cinematográficos que están imbricados. Entre los primeros se cuentan el drama, el policial en su vertiente investigativa. Además de los subgéneros de misterio, intriga y espionaje; en cuanto a este último hay algunas escenas en las que uno de los personajes secundarios se hace pasar por otra persona para conseguir información. Y finalmente, hallamos un género que Jonathan Demme conoce muy bien, el thriller.

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Decía antes que esta es una versión de la película de Frankenheimer, porque Demme no busca ambientar la historia en la misma época de aquella, ni tampoco seguir firmemente su trama; esta versión, por el contrario, sigue un camino distinto, si bien es cierto que en ambas obras se tratan temas políticos y de coyuntura importantes. Además de existir en las dos otro punto de contacto, como que en la cinta de la década de 1960 el personaje principal era también un oficial retirado del Ejército, salvo que en su caso se trataba de un excombatiente de la Guerra de Corea.

Las primeras incidencias están ambientadas en la Guerra del Golfo; es decir en el año 1990. Todo se inicia cuando un grupo de soldados conversan, juegan y ríen dentro de un campamento. Luego, en la siguiente escena presenciamos un breve diálogo no tan claro entre Ben Marco y Raymond Shaw que nos deja una sensación de duda. En torno a la relación entre Marco y Shaw girará lo principal de la trama. Tras ello nuevamente cambiamos de escena y nos ubicamos en pleno fuego cruzado, debido a una emboscada a las tropas estadounidenses. Estos cambios de escenas contienen diferentes tonos expresivos, lo cual es interesante. La historia avanza unos años en el tiempo y nos ubica en el momento en que Marco es ya un oficial retirado y Shaw, un postulante a la vicepresidencia de su país. Esta es la época en que la trama se articula y en la que la relación de estos dos personajes se desarrolla.

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Los aspectos más destacables de El Embajador del miedo se dan desde el inicio cuando en la primera toma la cámara nos introduce directamente en la historia; o en los momentos que Marco trata de averiguar qué es realmente lo que ocurrió en el tiempo en que él y sus compañeros estuvieron en la guerra; situación que es un misterio y que se irá develando gradualmente. Este personaje es interesante, ya que aparece al inicio del como una persona tranquila y sin problema alguno; no obstante, mientras transcurren los minutos vamos dándonos cuenta de que es una víctima de lo acontecido en aquellos años. Algo similar sucede con Shaw quien vive una vida normal y cuyo objetivo es obtener un triunfo en las elecciones presidenciales. Sin embargo, detrás de él existe un secreto que ignora y que Marco querrá descubrir. La relación madre-hijo entre Eleanor Shaw y Raymond está bien trabajada y es por momentos ambigua.

La escena que me resultó una de las más logradas del Embajador del miedo es la que se produce en sus últimos quince o veinte minutos, en la que Marco está escondido e intenta dispararle a uno de los personajes principales; la tensión y el clima que se crea en esos más de cinco minutos por la sucesión de planos-contraplanos entre este y su potencial víctima unida a la música y la algarabía de la gente es de lo mejor de la cinta.

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De otro lado, en esta se presenta una crítica tanto a la política gobernativa de Estados Unidos cuanto a algunas empresas transnacionales. De otro lado, los aspectos criticables podemos ubicarlos cuando la película pierde el ritmo en algunas secuencias, porque empieza a dar giros sobre las mismas situaciones y por momentos se estanca.

Asimismo es criticable la presencia de algunos personajes secundarios que aparecen sólo por momentos y que no aportan mucho a lo que se va narrando, como el personaje que interpreta Jon Voight —quien es muy buen actor, pero que aquí está desaprovechado—. También la  breve relación de amor que sostienen Ben Marco y Rosie, la cual es solo anecdótica y superficial. A esto se agrega una de las escenas finales en las que salen Eleanor Shaw y su hijo en una situación un tanto extraña. Esta escena, me parece, se incluyó para producir un golpe de efecto. Innecesario a mi gusto.

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En conclusión, pese a algunas imperfecciones que notamos en el filme, el balance que hago de su trama es positivo, ya que se sigue con interés y por momentos nos genera incertidumbres y curiosidad por saber que más va a ocurrir. Aun así sigo prefiriendo El silencio de los inocentes y El casamiento de Raquel.

Por César Guerra Linares

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