CAUTIVERIO POLÍTICO

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En una vertiente del cine ha sido común hacer películas de secuestros desde el lado del secuestrado —o secuestrados—, pero no del de los secuestradores. Marco Bellocchio en Buenos Días Noche se decide por la segunda opción. De manera que nos presenta a los secuestradores, primero planeando su golpe y posteriormente ejecutándolo. La película cuenta la historia del secuestro y asesinato del líder político italiano Aldo Moro en la década de 1970 y retrata además el efervescente clima de las disputas ideológico-políticas en la Italia de esa época.

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El estilo con el que Bellocchio filma el encierro del político transmite una atmósfera sombría tanto visual, por una fotografía que privilegia la utilización del claroscuro dentro del lugar donde se encuentra secuestrado Moro, como sonoramente por el uso de diversos tipos de música que apoyan ello. La libertad con que el director ha reconstruido los hechos permite combinar en la película el drama con ciertos toques de thriller-político y no como hubiera sido lo usual en este tipo de filmes, la presentación de una cinta dramática a secas, o de acción pura.

Lo más interesante de la película es el modo humano —alejado de cualquier idealización o condena— con que se muestra a los secuestradores; esto es, los vemos en sus contradicciones, expresiones de afecto, debilidades; sin caer en esquematismos de ninguna clase. Antes bien son personas que poseen matices de carácter como los de cualquier persona. En cuanto a Aldo Moro se percibe por parte del director una mirada comprensiva mas no indulgente. Además, la relación que se establece entre secuestrador y secuestrado no obstante el fatal desenlace que conocemos, se aleja de aquella que uno pueda hacer memoria en cintas que aborden dicho tema, ya que desde un inicio es tensa,  tornándose luego rutinaria, llegando a una ligera cordialidad.

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El amargo desencanto exhibido en Buenos Días Noche por la ejecución de Moro, según lo expresan las imágenes se debió a causa de la cerrazón de una izquierda integrada muchas veces por jóvenes cuya vehemencia y mala interpretación de las ideas socialistas los condujo a creer que la salvación de la humanidad estaba en sus manos, así como por la inacción de una derecha reaccionaria y estática que sólo se miraba así misma.

Por  César Guerra Linares

      

 

 

TARDES DE TENSIÓN

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Solo dos años después de la valiosa Serpico, Sidney Lumet dirigió otra película central en su filmografía: Tarde de Perros. En la que convocó nuevamente a Al Pacino, en esa ocasión para que encarnara a Sonny Wortzik, un delincuente novato que toma junto con dos amigos la decisión de asaltar un banco. Lumet aborda tal como lo hiciera en Serpico un hecho real ocurrido en la sociedad estadounidense de 1972; y lo realiza aplicando todo su bagaje como narrador de historias y plasmando todos los recursos disponibles para crear una puesta en escena que sirva cumplidamente como teatro de operaciones de lo que cuenta.

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Lumet refleja en su película de manera señera el clima que se vivía en la década de 1970 y le toma el pulso a las situaciones de aquel momento, que era prácticamente el mismo en el que se rodaba la cinta; no obstante, su pretensión no fue la de hacer un fresco de época, sino más bien por medio de simples pinceladas dar cuenta de algunos hechos ocurridos a la sazón.

Sonny Wortzik al desarrollarse Tarde de Perros se descubre ante el espectador no como un asaltante de actitudes matonescas emparentado al típico villano visto en un sinfín de películas de calidad variable, sino que es sobre todo un antihéroe en el que prevalecen, como en personajes de este tipo, características antiéticas en las que el personaje en cuestión tiene su propia moral; además de ser antisocial y aun con una cuota de cerrazón mental. El antihéroe no es per se bueno ni malo, depende del ángulo desde donde se lo observe. Wortzik aunque presente los rasgos que acabo de exponer no deja de ser muy a su modo un “héroe” que busca lograr un objetivo que él considera correcto, aun cuando se valga de acciones contrarias a la ley. Siendo esta ley y el sistema los que lo devolverán irremediablemente a la áspera realidad.

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Por otra parte, Lumet expone el enorme poder que en la década de 1970 tenía ya la televisión sobre los habitantes estadounidenses; por tanto un asalto de banco con secuestrados incluidos se convierte en un espectáculo mediático cercano a un reality show, que a veces llega a extremos rayanos en la comedia; lo cual consigue quitarle tensión a lo que se palpita en esos momentos. Tarde de Perros es en suma una película con una mirada lúcida y dura de una realidad inamovible, capaz de anular cualquier intento de salida del orden.

Por César Guerra Linares

DIEZ MEJORES PELÍCULAS VISTAS EN LA BERLINALE 2013

Nuestro colaborador Juan Carlos Fangacio asistió, en el mes de febrero, al Festival de Cine de Berlín 2013 en el que pudo ver varias películas. En este artículo nos entrega textos muy breves, a modo de cápsulas, sobre los que él considera los diez mejores filmes que vio en dicho certamen. A continuación, sus apreciaciones.

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El gigantesco Festival de Cine de Berlín culminó el último fin de semana con un balance siempre irregular: mientras algunas películas quedarán en el olvido, otro nutrido grupo estará, seguramente, entre lo más comentado y aclamado del año.

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La gigantesca programación también impide revisarlo todo. No vi, por ejemplo, lo presentado por Hong Sang-soo, Ulrich Seidl, Gus Van Sant, David Gordon Green o Wong Kar Wai, todos nombres que crean siempre mucha expectativa.
Pero de lo que sí pude atrapar surge este ranking con los 10 mejores títulos de la Berlinale. Casi todos imperdibles.
10. The Look of Love (Michael Winterbottom)
 
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El director inglés cuenta una historia real de gloria y desgracia, de excesos y crisis, en torno al pornógrafo y empresario Paul Raymond. No es su película más lograda, pero destaca por la actuación del gran Steve Coogan, con quien ya había colaborado en ’24 Hours Party People’ y ‘The Trip’.
9. Side Effects (Steven Soderbergh)
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La (supuesta) última cinta del aclamado cineasta antes de su retiro indefinido. Una mirada al oscuro mundo de las empresas farmacéuticas que se caracteriza por la intriga, los giros argumentales, y la ya conocida estética de Soderbergh. Una efectiva película que cautiva, hipnotiza con facilidad.
8. Child’s Pose (Calin Peter Netzer)
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El cine rumano está dando la hora, sin duda. Esta cinta fue la ganadora del Oso de Oro y sus méritos saltan a la vista en un relato vibrante, perturbador y muy realista sobre las diferencias sociales en el país, en paralelo con un fuerte conflicto familiar entre una madre sobreprotectora y un hijo inmaduro.
7. Harmony Lessons (Emir Baigazin)
 
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Sorprendente ópera prima desde Kazajstán, que no se estanca solo en su formidable trabajo fotográfico, sino que se adentra en el problema del maltrato escolar para reflexionar sobre los juegos de poder, la corrupción, y la violencia incontenibles en una cultura que parece lejana, pero cuyos fantasmas terminan siendo bastante universales.
6. A Visitor from the Living / The Report Karski (Claude Lanzmann)
 
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Cuando el director francés estrenó su épico documental de 10 horas ‘Shoah’ (1985), sobre el genocidio Nazi, remeció a Europa y buena parte del mundo. De ese trabajo se descartaron varias valiosas entrevistas, y dos de ellas se transformaron en sendas películas que se incluyeron en el homenaje dedicado a Lanzmann. Documentos cinematográficos e históricos de un valor incalculable, que sorprenden por su fuerza y su llamado a la memoria.
5. Vic + Flo Saw a Bear (Denis Côté)
 
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Arriesgado trabajo de ficción del canadiense, luego de su documental ‘Bestiaire’ (2011). Y aunque de distintos géneros, ambos trabajos comparten varios puntos en común: desde su estética de planos fijos elegantes y armoniosos, hasta su auscultación de la brutalidad animal/humana que llega a límites insospechados cuando ve menoscabada su libertad. Una propuesta polémica, pero refrescante.
4. Camille Claudel 1915 (Bruno Dumont)
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El ya conocido uso de no actores en el cine de Dumont se repite, pero ahora gira en torno a una notable interpretación, la de Juliette Binoche, quien brilla e impacta como la famosa escultora confinada en una institución mental, rodeada de enfermos mentales reales. La intensa historia es filmada con sobriedad, y con destellos religiosos y artísticos que hacen trascender la tragedia narrada.
3. The Act of Killing (Joshua Oppenheimer)
 
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Quizá el documental más controversial del festival. El cineasta americano viaja a Indonesia y contacta a los autores del genocidio de 1965, en que se aniquiló a más de un millón de personas. Los asesinos, lejos de mostrar arrepentimiento, se muestran orgullosos de sus actos y deciden representarlos a la manera de películas de Hollywood. El espectáculo, que raya en lo absurdo y lo aterrador, deja huella en la mente. Una experiencia arrolladora y de inédita fuerza.
2. Before Midnight (Richard Linklater)
 
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La mejor película de la trilogía que también conforman ‘Before Sunrise’ (Antes del amanecer) y ‘Before Sunset’ (Antes del atardecer). La historia de amor de 20 años entre Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) se centra ahora en las complejidades de un matrimonio. Divertida y desgarradora a la vez, encuentra en este equilibrio la clave para continuar la misma premisa de largos diálogos en los que se reflexiona sobre los dilemas de una relación.
1. Pardé o Closed Curtain (Jafar Panahi)
 
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Nuevamente desde el arresto domiciliario y con la prohibición de filmar que le impone el gobierno iraní, Panahi reta a la opresión con una película llena de metáforas y simbolismos. Espléndidamente filmada -a pesar de las limitaciones-, ‘Closed Curtain’ está llena de sufrimiento y traumas, pero que se eleva como un grito de celebración y liberación por y para el cine. La unión entre documental y ficción alcanza también un punto cumbre en esta auténtica obra maestra.
Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

ERRANCIA MUSICAL

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Este documental muestra el recorrido itinerante que hace un camión, a través de los territorios de Extremadura, cuya carga es un escenario portátil en el que se presentan músicos y cantantes del lugar, de lo cuales sobresale el cantautor Luis Pastor, quien aparece en varias secuencias durante la película, volviéndose una suerte de hilo conductor. Lo apreciable de Escenario móvil es la forma en la que el director presenta las provincias y comarcas extremeñas; sin caer en costumbrismos ni en superficialidades que hagan que el documental derive en un reportaje turístico.

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La película además de mostrar lo anteriormente expresado, busca reflejar la vida de los pobladores de la región con sus carencias económicas y problemas cotidianos, pero siempre de un modo sutil y alejado de cualquier afán socializante y menos politizante. Por último, las interesantes secuencias de los minutos finales dejan una sensación un tanto amarga de la vida inmediatamente posterior de los lugareños.

Por César Guerra Linares

RETRATO INTIMISTA

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Ocaña es de esos documentales en los que el personaje al que se dedica todo el metraje hace la película; es decir, es el tipo de documental en que el  personaje da el pulso y conduce el ritmo de las situaciones que se producen. En esta obra esto se da pero de manera más pronunciada, ya que en esta ocasión se trata de un personaje intenso y bastante singular, y del que se puede encontrar más de un ángulo de interés.

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Desde el punto de vista estético este es un documental sin mayores pretensiones ni virtuosismos, pues solo se limita a filmar a Ocaña en un solo ambiente (su habitación) y a combinar esto con imágenes de sus actuaciones y de sus polémicas performances urbanas. No obstante, lo que importa es la relación  de intimidad que se logra entre Ocaña y la cámara que lo filma, porque transmite la naturalidad con que este cuenta aspectos de su vida privada.

Por César Guerra Linares