Cartelera en declive

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De un tiempo a esta parte −como muchos cinéfilos, cinemeros y aficionados al cine han notado−, la cartelera comercial peruana se ha vuelto cada vez menos diversa; me refiero no solo a las distintas procedencias de las películas, sino a las diferentes propuestas cinematográficas. Si bien esto ya se venía presentando de modo paulatino desde la década de 1990, es a partir del año 2000 que esto se ha vuelto más notorio, recurrente y preocupante. El año en que se ha tocado fondo ha sido el recién pasado 2015, ya que únicamente se han exhibido 14 películas de procedencia no estadounidense, de las cuales cuatro son de cuatro directores personales o de autor; me refiero a Lars von Trier, Dario Argento, Atom Egoyan y Pablo Trapero.

Muchos amigos cinéfilos, y otros que no conozco, me dirán por qué te preocupas por eso si puedes ver lo más variado del cine en DVD desde tu casa, en festivales, muestras, cineclubes; y yo les responderé que en gran parte tienen razón, pero les diré que habemos todavía cinéfilos que disfrutamos de ir al cine semanalmente y ver películas en pantalla grande en una butaca cómoda sin que en la medida de lo posible nadie nos interrumpa, como a veces sucede en casa cuando nos llaman por teléfono o nos toca el timbre algún vecino impertinente e inoportuno.

Uno quiere estar tranquilo en una sala oscura en el tiempo que dure la película, claro está salvo excepciones que ocurren en la sala con algún celular molesto, que suena en plena función, o algunas personas que se ponen a conversar cuando la película se está proyectando. De otro lado, asistir a una sala de cine se torna cada vez menos disfrutable cuando la cartelera se convierte en la mayor parte del año en anodina e insubstancial por no decir monótona; a excepción de los meses de enero a marzo por las películas nominadas a alguna categoría en el Oscar y por algunos chispazos que se producen en los meses de septiembre y octubre cuando se estrenan algunas películas, cada vez menos, que trae el Festival de Lima.

Presentaré 16 listas con los estrenos de cartelera de los últimos quince años, del 2000 al 2015 para que se pueda notar de manera más gráfica cómo ha ido decayendo la cartelera en el transcurso de estos años y para ver qué era lo que se estrenaba antes, los directores y en varios casos las películas de los autores que podíamos ver en la cartelera y que ahora parece algo casi imposible −soy generoso y pongo el casi−, lejano y hasta extraño.

En las listas se encontrarán películas estadounidenses −de directores independientes o de producción pequeña en comparación con los grandes estudios−; europeas (mayormente francesas); asiáticas (la mayoría de Corea del Sur e Irán); una que otra australiana; algunas de origen latinoamericano (mayormente argentinas) y una africana si consideramos a Palestina un país que se encuentra entre África y Asia. Habrá películas que cuando lean las listas generarán opiniones encontradas en los lectores, pues no todas ellas son obras maestras, grandes películas o siquiera buenas, algunas incluso podrán ser consideradas regulares; en fin se trata de materia opinable como todo lo que implica a un arte como el cine. A lo que quiero llegar es que antes había un poco más de diversidad. Ese es mi único objetivo.

Advertirán los lectores que el año 2000 no fue un buen año en cuanto a variedad de filmes. Sin embargo, es fácil darse cuenta de que los mejores años de los últimos 15 son en conjunto los que van del 2001 al 2002. En el 2003 se produjo un pequeño bajón; luego, vino la recuperación en los años 2004 y 2005. En el 2006 empezó el declive hasta el 2008 en el que hubo un pequeño repunte; continuó la caída hasta el 2012 en el que mejoró un poquito hasta el declive irrecuperable del 2014 al 2015.

En las listas no he incluido cintas de autores, como Woody Allen, Martin Scorsese, Clint Eastwood, David Cronenberg y Quentin Tarantino porque son directores cuyos estrenos en los últimos años se han producido sin falta; salvo un par de cintas de Woody Allen que no se estrenaron, entre ellas “Scoop” y “Whatever Works”.

En conclusión, las listas las elaboré revisando mis agendas en las que figuran los estrenos que yo consideraba los mejores que se exhibían durante esos años; en otros casos, he recurrido a mi memoria y a algunos amigos a los que he consultado sobre ciertas películas. Quizá se me puede haber escapado algún estreno valioso de esos años sobre todo de los que van del 2000 al 2003, pues entre esos años no era tan meticuloso llevando el inventario. Debo decir que un porcentaje, quizá un 15 %, de los filmes que aparecen en las listas solo fueron proyectados en el CCPUCP, pero igual se consideran estrenos comerciales y un 5 % solo se exhibieron en la sala Cine Arte de UVK Larcomar*. A continuación, las listas:

 

 

 

Estrenos de películas estadounidenses hechas fuera de los grandes estudios, o independientes, y de otras latitudes

 

2000

Romance, de Catherine Breillat (Francia)

Confesiones privadas, de Liv Ullman (Suecia)

Tres reyes, David O. Russel (Estados Unidos)

¿Quieres ser John Malkovich?, de Spike Jonze (Estados Unidos)

Buena Vista Social Club, de Wim Wenders (Alemania-Estados Unidos-Inglaterra)

Todo el poder, de Fernando Sariñana (México)

La residencia del mal, de William Malone (Estados Unidos)

El chacotero sentimental, de Cristián Galaz (Chile)

Cautivos de amor, de Bernardo Bertolucci (Italia-Inglaterra)

L’Ennui, una amante perfecta, de Cédric Kahn (Francia)

Solas, de Benito Zambrano (España)

El extranjero loco, de Tony Gatlif (Francia-Rumania)

Amores perros, de Alejandro González Iñarritu (México)

10

2001

El verano de Kikujiro, de Takeshi Kitano (Japón)

Mentiras, de Sun-woo Yang (Corea del Sur)

Viólame (Baise Moi), de Virginie Despentes y Coralie (Francia)

Simplemente amigas de Mike Leigh (Inglaterra)

Una relación íntima, de Frédéric Fonteyne (Francia)

Gato negro, gato blanco, de Emir Kusturica (Serbia)

Al filo de la inocencia, de Atom Egoyan (Canadá)

Marius y Jeanette, de Robert Guediguian (Francia)

Recursos humanos, de Laurent Cantet (Francia)

La ley de Herodes, de Luis Estrada (México)

El círculo, de Jafar Panahi (Irán)

El espejo, de Jafar Panahi (Irán)

25 Watts, de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll (Uruguay)

Bailando en la oscuridad, de Lars von Trier (Dinamarca y Estados Unidos)

Malas Compañías, de Jean Pierre Améris (Francia)

Cinco sentidos, de Jeremy Podeswa (Canadá)

La traición, de James Gray (Estados Unidos)

Asesino oculto, de Sean Penn (Estados Unidos)

Frecuencia mortal, de John Dahl (Estados Unidos)

La cena, de Ettore Scola (Italia)

El cubo, de Vincenzo Natali (Canadá)

El baño turco, de Ferzan Ozpetek (Italia-Francia-Turquía)

19

 

2002

La dama y el duque, de Eric Rohmer (Francia)

Memoria de viajes, de Emmanuel Finkiel (Polonia-Francia)

La profesora de piano, de Michael Haneke (Francia)

Madre e hijo, de Alexander Sokurov (Rusia)

El pequeño ladrón, de Erick Zonca (Francia)

Bajo la arena, de François Ozon (Francia)

Les Enfants du siècle, de Diane Kurys (Francia)

La comedia de la inocencia, de Raúl Ruiz (Francia)

La habitación del hijo, de Nanni Moretti (Italia)

Infidelidades, de Liv Ullman (Suecia)

Kandahar, de Mohsen Makhmalbaf (Irán)

La viuda de Saint-Pierre, de Patrice Leconte (Francia)

Fuera del mundo, de Giuseppe Piccioni (Italia)

Goya en Burdeos, de Carlos Saura (España)

Hable con ella, de Pedro Almodóvar (España)

Storytelling, de Todd Solondz

La decadencia del Imperio americano, de Denys Arcand (Canadá)

El creyente, de Harry Bean (Estados Unidos)

En la habitación, de Todd Field (Estados Unidos)

Amelie, de Jean-Pierre Jeunet (Francia)

A la izquierda del padre, de Luiz Fernando Carvalho (Brasil)

Este/Oeste, de Régis Wargnier (Francia)

El placard, de Francis Veber (Francia)

El último beso, de Gabriele Muccino (Italia)

 

Los amantes del círculo polar, de Julio Medem (España)

Lucía y el sexo, de Julio Medem (España)

23

 

2003

Aro Tolbukhin, en la mente del asesino, de Agustí Villaronga, Isaac-Pierre Racine y Lydia Zimmermann (España)

El empleo del tiempo, de Laurent Cantet (Francia)

Entre la vida y la muerte, de Shohei Imamura (Japón)

Irreversible, de Gaspar Noé (Francia)

Un gran ladrón, de Neil Jordan (Inglaterra-Francia-Irlanda)

Exótica, de Atom Egoyan (Canadá)

Kiss or Kill, de Bill Bennett (Australia)

Mulholland Drive, de David Lynch (Estados Unidos)

8 mujeres,  de François Ozon (Francia)

Todo comienza hoy, de Bertrand Tavernier (Francia)

Intimidades, de Rebecca Miller (Estados Unidos)

La mujer de mi vida, de Dover Kosashvili (Israel)

La fuerza del corazón, de Sólveig Anspach (Francia)

Intimidad, de Patrice Chereau (Francia)

El Viaje de Chihiro, de Hayao Miyasaki (Japón)

Femme Fatale, de Brian De Palma (Francia-Suiza)

Para todos los gustos (o El gusto de los otros), de Agnes Jaoui (Francia)

El ladrón de orquídeas, de Spike Jonze (Estados Unidos)

Italiano para principiantes, de Lone Scherfig (Dinamarca)

El Bola, de Achero Mañas (España)

Pacto de justicia, de Kevin Costner (Estados Unidos)

Lo mejor de nosotros, de Jan Hrebejk (República Checa)

El experimento, de Olivier Hirschbiegel (Alemania)

Batalla real, de Kinji Fukasaku (Japón)

El pacto de los lobos, de Christophe Gans (Francia)

El hada ignorante, de Ferzan Ozpetek (Italia-Francia)

¡Que te calles! (Tais Toi!), de Francis Veber (Francia)

Abre tus alas, de Nir Bergman (Israel)

Historias mínimas, de Carlos Sorín (Argentina)

Mi vida sin mí, de Isabel Coixet (España)

Las hermanas de la Magdalena, de Peter Mullan (Irlanda)

Monsoon Wedding, de Mira Nair (India)

Juana la loca, de Vicente Aranda (España)

No tengo miedo, de Gabriele Salvatores (Italia)

30

 

2004

El hombre sin pasado, de Aki Kaurismäki (Finlandia)

La espera, de Aldo Garay (Uruguay)

El juego de las sillas, de Ana Katz (Argentina)

L´America, de Gianni Amelio (Italia)

La piscina, de François Ozon (Francia)

Dogville, de Lars von Trier (Dinamarca)

Trouble Every Day (Amor caníbal), de Claire Denis (Francia)

La quimera de los héroes, de Daniel Rosenfeld (Argentina)

Las invasiones bárbaras, de Denys Arcand (Canadá)

Alta tensión, de Alexander Aja (Francia)

La casa de los 1000 cuerpos, Rob Zombie (Estados Unidos)

Pieces of April, de Peter Hedges (Estados Unidos)

Elefante, de Gus Van Sant (Estados Unidos)

Aguas oscuras, de Hideo Nakata (Japón)

Una historia infiel, de Sue Brooks (Australia)

Audición, de Takashi Miike (Japón)

Soñadores, de Bernardo Bertollucci (Inglaterra, Francia)

Good Bye Lenin, de Wolfgang Petersen (Alemania)

Camino a Casa, de Jeong Hyang Lee (Corea del Sur)

Los muertos, de Lisandro Alonso (Argentina)

Amor en Marsella, de Robert Guediguian (Francia)

El arca rusa, de Alexander Sokurov (Rusia)

El color del paraíso, de Majid Majidi (Irán)

La mala educación, de Pedro Almodóvar (España)

Lejos del mundo, de André Téchiné (Francia)

Héroe, de Zhang Yimou (China)

Realmente amor, de Richard Curtis (2004) (Inglaterra)

La ventana de enfrente, de Ferzan Ozpetek (Italia-Turquía)

Millones, de Danny Boyle (Inglaterra)

Amor eterno, de Jean-Pierre Jeunet (Francia)

 

 

 

Los coristas, de Christophe Barratier (Francia)

Crimen ferpecto, de Alex de la Iglesia (España)

 

29

 

2005  

Soy Cuba, de Mijail Kalatozov (Cuba, Unión Soviética)

Con Ánimo de amar, de Wong Kar-Wai (Hong Kong)

Las trillizas de Belleville, de Sylvain Chomet (Francia)

Zatoichi, de Takeshi Kitano (Japón)

Vera Drake, de Mike Leigh (Inglaterra)

Reconstrucción de un amor, de Christoffer Boe (Dinamarca)

Legado de violencia, de David Gordon Green (Estados Unidos)

Himalaya, de Eric Valli (Francia)

Creep, de Christopher Smith (Inglaterra)

Cuento de otoño, de Eric Rohmer (Francia)

Zatoichi, de Takeshi Kitano (Japón)

Wallace y Gromit:la batalla de los vegetales, de Nick Park (Inglaterra)

Días de pasión, de John Duigan (Inglaterra)

El hundimiento, de Olivier Hirschbiegel (Alemania)

La balada de Jack y Rose, de Rebecca Miller (Estados Unidos)

Whisky, de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll (Uruguay)

El cielo gira, de Mercedes Álvarez (España)

Lee mis labios, de Jacques Audiard (Francia)

Un crimen inconfesable, de Nicole Kassell (Estados Unidos)

Código 46, de Michael Winterbottom (Inglaterra)

Kung-Fusión, Stephen Chow (Hong Kong)

El nuevo dragón, de Prachya Pinkaew (Tailandia)

El perro, de Carlos Sorín (Argentina)

Habana Blues, de Benito Zambrano (España-Cuba)

La casa de las dagas voladoras, de Zhang Yimou (China)

Elling, mi amigo y yo, Petter Næss (Noruega)

Being Julia, de István Zsabó (Canadá)

Guardianes de la noche, de Timur Bekmambetov (Rusia)

Crimen ferpecto, de Alex de la Iglesia (España)

26

 

 

 

2006  

Primavera, verano, otoño, invierno, otra vez primavera, de Ki-duk Kim (Corea del Sur)

El niño, de Jean-Pierre y Luc Dardenne (Bélgica)

Flores rotas, de Jim Jarmusch (Estados Unidos)

Old Boy (Hipnosis mortal), de Chan-wok Park (Corea del Sur)

Vida en pareja, de François Ozon (Francia)

Paraíso ahora, de Hany-abu Assad (Palestina)

Días de campo, de Raúl Ruiz (Chile)

11:14 hora de morir, de Greg Marcks (Estados Unidos)

La vida secreta de las palabras, de Isabel Coixet (España)

Solo contra sí mismo, de Mikael Hafström (Suecia)

El descenso, de Neil Marshall (Inglaterra)

Volver, de Pedro Almodóvar (España)

Wolf Creek, de Greg McLean (Australia)

Mrs. Henderson presenta, de Stephen Frears (Inglaterra)

Machuca, de Andrés Wood (Chile)

La joven de la perla, de Peter Webber (Inglaterra)

Orgullo y prejuicio, de Joe Wright (Francia-Inglaterra)

Shutter, de Banjong Pisanthanakun y Parkpoom Wongpoom (Tailandia)

El tigre y la nieve, de Roberto Benigni (Italia)

17

 

2007  

Escondido, de Michael Haneke (Francia)

El espíritu de la pasión, de Ki-Duk Kim (Corea del Sur)

El custodio, de Rodrigo Moreno (Argentina)

La venganza de Alexandra, de Rolf de Heer (Australia)

El suicida, de Lone Scherfig (Inglaterra)

La vida de los otros, de Florian Henckel von Donnersmarck (Alemania)

Sophie Scholl, de Marc Rothemund (Alemania)

Hollywoodland, de Allen Coulter (Estados Unidos)

El asaltante, de Pablo Fendrik (Argentina)

La reina, de Stephen Frears (Inglaterra)

Secretos íntimos, de Todd Field (Estados Unidos)

Yo serví al rey de Inglaterra, de Jiri Menzel (República Checa)

La lista negra, de Paul Verhoeven (Holanda)

Campos de esperanza, de Lajos Koltai (Hungría)

La ciencia de sueño, de Michel Gondry (Estados Unidos-Francia)

Acuérdate de mí, de Gabriele Muccino (Italia)

La vida secreta de las palabras, de Isabel Coixet (España)

La maldición de la flor dorada, de Zhang Yimou (China)

Dos hermanas, Jee-Woon Kim (Corea)

Princesas, de Fernando León de Aranoa (España)

Ellos, David Moreau y Xavier Palud (Francia)

El duelo, de Ronnie Yu (China)

El último rey de Escocia, de Kevin Macdonald (Inglaterra)

Escándalo, de Richard Eyre (Inglaterra)

20

 

 

2008

Luz silenciosa, de Carlos Reygadas (México)

Crimen oculto, de Gus van Sant (Estados Unidos)

4 meses, 3 semanas, 2 días, de Cristian Mungiu (Rumania)

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, de Andrew Dominik (Estados Unidos- Canadá)

Luces al atardecer, de Aki Kaurismaki (Finlandia)

Una novia errante, de Ana Katz (Argentina)

Leonera, de Pablo Trapero (Argentina)

Dueños de la noche, de James Gray (Estados Unidos)

Monstruo depredador (The Host), de Bong Joon Ho (Corea de Sur)

My Blueberry Nights, de Wong Kar-Wai (Hong Kong)

Juno, de Jason Reitman (Estados Unidos)

Traición y lujuria, de Ang Lee (China-Taiwán-Estados Unidos)

El diario de los muertos, de George Romero (Estados Unidos)

La llamada, de Takashi Miike, (Japón)

El llanto de la mariposa, de Julian Schnabel (Francia-Estados Unidos)

Todo es por amor, de Thomas Vinterberg (Estados Unidos-Dinamarca-Gran Bretaña-Suecia)

Expiación, deseo y pecado, de Joe Wright (Inglaterra)

Hannibal: el origen del mal, de Peter Webber

El orfanato, de J.A. Bayona (España)

Carmen, de Vicente Aranda (España)

14

 

2009

El Matrimonio de Lorna, de Jean Pierre y Luc Dardenne (Bélgica)

Juegos macabros (Funny Games), de Michael Haneke (Estados Unidos)

Una visita inesperada, de Thomas McCarthy (Estados Unidos)

Rec, de Jaume Balagueró y Paco Plaza (España)

Unas vacaciones diferentes, de Martin McDonagh (Inglaterra)

Las fantasmas nunca olvidan, de Kiyoshi Kurosawa (Japón)

12:08, al este de Bucarest, Corneliu Porumboiu (Rumania)

La felicidad trae suerte, Mike Leigh (Inglaterra)

Sector 9, Neill Blomkamp (Sudáfrica-Estados Unidos-Nueva Zelanda-Canadá)

Ricky, de François Ozon (Francia)

Los falsificadores, de Stefan Ruzowitzky (Austria-Alemania)

Elegy, de Isabel Coixet (Estados Unidos)

El gran golpe, de Roger Donaldson (Inglaterra)

Un plan brillante, Michael Radford (Inglaterra)

Corazón de tinta, de Iain Softley (Alemania)

Los crímenes de Oxford, de Alex de la Iglesia (España-Inglaterra)

13

 

2010

La cinta blanca, de Michael Haneke (Alemania)

Criatura de la noche, de Tomas Alfredson (Suecia)

Los amantes, de James Gray (Estados Unidos)

Enemigo interno, de Werner Herzog (Estados Unidos)

Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar (España)

Rec 2, de Jaume Balagueró y Paco Plaza (España)

Un hombre solo, de Tom Ford (Estados Unidos)

El último camino, de John Hilcoat (Estados Unidos)

Celda 211, Daniel Monzón (España)

El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella (Argentina)

Chloe, de Atom Egoyan (Estados Unidos)

Hace mucho que te quiero, de Philippe Claudel (Francia)

La felicidad de vivir (Okuribito), de Yojiro Takita (Japón)

Cuchillo de palo, Renate Costa (Paraguay)

La visita de la banda, de Eran Kolirin (Israel)

Enseñanza de vida, de Lone Scherfig (Inglaterra)

Los hombres que no amaban a las mujeres, de Niels Arden Oplev (Suecia)

12

 

2011 

Triste San Valentín, de Derek Cianfrance (Estados Unidos)

Rito diabólico (Thirst), de Park Chan Wook (Corea del Sur)

Carancho, de Pablo Trapero (Argentina)

Lazos de sangre, Debra Granik (Estados Unidos)

Un novio para 3 esposas (Barney´s Version), de Richard J. Lewis (Estados Unidos)

La mirada invisible, de Diego Lerman (Argentina)

Al otro lado del corazón, de John Cameron Mitchell (Estados Unidos)

Un hombre solitario, de Brian Koppelman y David Levien (Estados Unidos)

Somewhere, de Sofia Coppola (Estados Unidos)

Un cuento chino, de Sebastián Borensztein (Argentina)

Partir, de Catherine Corsini (Francia)

Mientras duermes, de Jaume Balagueró (España)

Entre hermanos, de Susanne Bier (Dinamarca)

La extraña, de Feo Aladag (Turquía)

La casa muda, de Gustavo Hernández (Uruguay)

Carlos, de Olivier Assayas (Francia)

Mi nombre es John Lennon, de Sam Taylor-Wood (Inglaterra)

Amador, de Fernando León de Aranoa (España)

12

 

2012

Un papa en apuros (Habemus Papam), de Nanni Moretti (Italia)

La piel que habito, de Pedro Almodóvar (España)

Tournée, de Mathieu Amalric (Francia)

Una separación, de Asghar Farhadi (Irán)

Un día para sobrevivir, de Joe Carnahan (Estados Unidos)

El espía que sabía demasiado, de Tomas Alfredson (Francia-Inglaterra-Alemania)

Drive, Nicolas Winding Refn (Estados Unidos)

Toda una vida, de Mike Leigh (Inglaterra)

Deseos culpables, de Steve McQueen (Inglaterra)

Un reino bajo la luna, de Wes Anderson (Estados Unidos)

Secretos, de Valeria Sarmiento (Chile)

Intocable, de Olivier Nakache y Eric Toledano (Francia)

Juegos de seducción (L’Autre Monde), de Gilles Marchand (Francia)

¿Sabes quién viene?, de Roman Polanski (Francia-Alemania)

Tenemos que hablar de Kevin, de Linne Ramsay (Inglaterra)

En un mundo mejor, de Susanne Bier (Dinamarca)

Crimen en familia, de Andrew Jarecki (Estados Unidos)

El artista, de Michel Hazanavicius (Francia)

Balada triste de trompeta, de Alex de la Iglesia (España)

15

 

2013

Las hierbas salvajes, Alain Resnais (Francia)

César debe morir, de Paulo y Vitorio Taviani (Italia)

Amor, Michael Haneke (Francia)

Post Tenebrax Lux, de Carlos Reygadas (México)

Le Havre, de Aki Kaurismäki (Francia)

Viviendo al límite, de Harmony Korine (Estados Unidos)

Mátalos suavemente, de Andrew Dominic (Estados Unidos)

Todo lo que necesitas es amor, de Susanne Bier (Dinamarca)

La niña del sur salvaje, de Behn Zeitlin (Estados Unidos)

La religiosa, de Guillaume Niclaux (Francia)

No, de Pablo Larraín (Chile)

Cita con el demonio, de Sean Byrne (Australia)

7 cajas, Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori (Paraguay)

Bel Ami, de Declan Donnelan y Nick Ormerod (Inglaterra)

11

 

2014

De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni Naru), de Hirokazu Koreeda (Japón)

Philomena, de Stephen Frears (Inglaterra)

Camille Claudel 1915, de Bruno Dumont (Francia)

Ida, de Pawel Pawlikowski (Polonia)

El gran Hotel Budapest, de Wes Anderson (Estados Unidos)

Primicia mortal (Nightcrawler), de Dan Gilroy (Estados Unidos)

El hombre del hielo, de Ariel Vromen (Estados Unidos)

La danza de la realidad, de Alejandro Jodorowsky (Francia-Chile)

La noche de enfrente, de Raúl Ruiz (Chile)

El tigre blanco, de Karen Shaknazarov (Rusia)

Las mujeres del sexto piso, de Philippe  Le Guay (Francia)

Kon-Tiki, Joachim Ronning y Espen Sandberg (Noruega-Inglaterra)

Condenados, de Atom Egoyan (Estados Unidos)

Mi novia ideal (Dark Horse), de Todd Solondz (Estados Unidos)

9

2015 

Whiplash, Damien Chazzelle (Estados Unidos)

Está detrás de ti, David Robert Mitchell (Estados Unidos)

Ninfomaniaca vol. 1 y vol. 2, de Lars von Trier (Dinamarca-Alemania-Bélgica-Inglaterra-Francia)

Babadook, Jennifer Kent (Australia-Canadá)

Black Mass, Scott Cooper (Estados Unidos)

The Gift, de Joel Edgerton (Estados Unidos)

Cautiva, de Atom Egoyan (Canadá)

Dios mío, ¿qué te hemos hecho?, Philippe de Chauveron (Francia)

Las sufragistas, de Sarah Gavron (Inglaterra)

La familia Bélier, de Éric Lartigau (Francia)

La oveja Shaun, de Mark Burton y Richard Starzak (Inglaterra)

Drácula, de Darío Argento (Italia)

El clan, de Pablo Trapero (Argentina)

Everest, de Baltasar Kormákur (Inglaterra)

Sin hijos, de Ariel Winograd (Argentina)

 

Macbeth, de Justin Kurzel (Inglaterra)

Francisco, el padre Jorge, Beda Docampo Feijóo (España-Argentina-Italia)

Abzurdah, de Daniela Goggi (Argentina)

14

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Libertad a cualquier precio

Terrence Malick – Badlands (Malas Tierras) (1973)

Una perturbadora historia ambientada en Dakota del Sur sobre una joven pareja que emprende una serie de asesinatos. Kit (Martin Sheen) y su novia Holly (Sissy Spacek) se verán inmersos en una locura de crímenes y castigos a través del sur de Dakota y Montana. Para ellos solo es un juego, pero las muertes y la sangre son muy reales.

Terrence Malick trabaja su ópera prima sobre una serie de hechos criminales cometidos por una pareja de jóvenes ocurridos en el año ´58 en un pueblo del sur de los Estados Unidos (Fort Dupree en Dakota del Sur). Este interés del director por lo visto en toda la película no es solamente contar los sucesos y circunstancias que rodearon los actos criminales sino aprovechar lo que un lugar típico de esa zona norteamericana puede revelar: su conservadurismo tanto moral como religioso, sus creencias provincianas, sus prejuicios, etc.

Malas Tierras (1973) se centra en Kit Carruthers y Holly Sargis, dos personajes aparentemente distintos por sus modos de ser pero después de todo parecidos; lo que ambos desean es ser libres, tomar sus propias decisiones y no depender de alguna autoridad sea ésta paterna o laboral. Kit está representado como un muchacho a la usanza juvenil de la década del ’50, con toda la moda influida por Elvis Presley, especialmente por James Dean y su carácter irreverente. Por su parte, Holly es una muchacha de quince años, que está supeditada a las decisiones de su padre y que únicamente se mueve de su casa al colegio y viceversa. Su nombre: Holly por su parecido ortográfico-fónico coincide con la palabra Holy (sagrado), lo cual tiene que ver con ella debido a su apariencia física y a su personalidad que expresan inocencia y un cierto carácter si se quiere inmaculado.

La  historia es relatada durante toda la película por la voz de Holly que hace un recuento desde que conoció a Kit hasta los últimos instantes que estuvo con él. Por tal razón es que la misma adopta la particularidad de un cuento que tiene una impronta de leyenda contemporánea y de realidad idealizada que impregnan todo el conjunto. Esto se complementa con la caracterización que Malick hace de algunos personajes entre ellos sobre todo el padre de Holly que se acerca a los modelos del tiranuelo identificables en algunos cuentos tradicionales.

Así como el relato contado por Holly tiene un carácter de realidad idealizada, la forma en que el director expone las imágenes acerca a una parte de la historia a una fábula desarrollada lentamente, que a su vez se suma a una de tipo bucólico por cumplir los dos personajes lo que se conoce como Carpe Diem, en otras palabras, aprovechar el día presente sin preocuparse por el después. Finalmente, éstas características tienen un aliento lírico que las hace aún más sugestivas.

El accionar de Holly cuando ve morir a su padre es ambiguo ya que siente como primera reacción un instinto de querer saber qué le ocurre, sin embargo, éste cambia a un frío distaciamiento. Al fin y al cabo, ese trágico hecho servirá para que se libere de la atadura paterna y poder hacer uso de su albedrío. A partir de aquí tanto Holly como Kit iniciarán sus vivencias al borde de cualquier límite haciendo uso de su libertad recuperada. Para empezar una vida totalmente independiente y libre que mejor espacio que simbolice la libertad absoluta que la naturaleza por ello deben hacer sus propias cosas como conseguir comida, construir el lugar donde van a vivir, y por sobre todas las cosas vivir en un lugar en el que no van a hacer blanco de habladurías. Parafraseando lo que Nietzsche decía a este propósito: “¿Por qué nos gusta la naturaleza? Ah, porque ella no tiene opinión de nosotros”. Los dos son como colonos que se establecen en un lugar para empezar una nueva vida, es así que parecen unos Robinson Crusoe contemporáneos.

La naturaleza es para Terrence Malick algo fundamental en su mundo estético-creativo por su constante presencia en sus cuatro largos. En Malas Tierras aparece como un elemento que rodea y que señala los ciclos de vida por el que inexorablemente tienen que pasar cualquier ser vivo. Ambos sin quererlo o tal vez sí imitan en lo básico a los seres de la naturaleza, satisfaciendo sus necesidades básicas y sobreviviendo cada día. Las imágenes que logra Malick de los atardeceres, los asemeja a cuadros vivientes de una gran belleza.   La violencia de la que ambos personajes son protagonistas, es tomada como si fuera un juego que se practica según sea conveniente, sin importar las consecuencias. Por tanto hay en ellos una especie de infantilismo en los actos cometidos, especialmente en Kit. Por momentos pareciera no ser consciente del daño provocado, lo cual lo acerca a la amoralidad. Las parejas mixtas que asaltan y matan haciendo un recorrido por las carreteras norteamericanas tienen su antecedente en la ya mítica Bonnie and Clyde (1967) de Arthur Penn, que tuvo su predecesora en la vibrante Gun Crazy (1950) dirigida por Joseph H. Lewis.

Por otro lado, hay en esta película escenas de una vigencia para los tiempos que corren como la paranoia del poblador estadounidense ante una amenaza, específicamente en el caso de la película el posible ataque de la joven pareja En los tiempos actuales el “inminente” ataque con gas letal de las que pudieron ser víctimas los neoyorkinos después del 11 de septiembre. Por ello la secuencia en la que aparecen los pobladores preparando sus armas es bastante decidora.

En la película hay una visión del tema de la pena de muerte distinta de otras que hayamos visto; su próxima consumación es tomada por Kit con ironía, sarcasmo y con algo de cinismo – entendido en el mejor de los sentidos -, dejando de lado cualquier melodramatismo manipulador o mensaje ejemplarizante. Así como en la pena de muerte y su realización se evitan los despliegues emocionales, hay que decir que lo mismo ocurre en muchas de las acciones que suceden en Malas Tierras, pues evitan los excesos dramáticos y las demostraciones sentimentales, por consiguiente están desdramatizadas principalmente aquellas en las que hay escenas de violencia tales como: El asesinato del papá de Holly perpetrado por Kit o los disparos hechos a los intrusos que buscan a la pareja en pleno bosque, estos acontecimientos se dan de forma seca y expeditiva sin mayor sufrimiento por parte de las víctimas.

César Guerra Linares

Claude Chabrol – Le Boucher  (El Carnicero) (1970)

En un pueblo provincial francés, una sofisticada maestra Helene Daville (Stephane Audran) evita las relaciones afectivas pero traba una agradable amistad con el apasionado carnicero local Popaul (Jean Yanne), un veterano de la guerra de Indochina. En tanto que un asesino en serie esparce el terror por todo el campo; estas dos personas hacen esfuerzos por volver sus aislamientos algún tipo de entendimiento mutuo.

Se ha dicho que Claude Chabrol ha sido siempre uno de los directores más influidos por Alfred Hitchcock, apreciación que es verdadera y que se deja ver en muchas de sus películas; no obstante, a esa marca hitchcockiana, Chabrol le ha impreso un estilo que podemos llamar ya desde sus primeros trabajos: chabroliano, amén de haberse preocupado también desde sus inicios por retratar a la burguesía francesa con una ironía y malicia como pocos lo han hecho en el cine francés.

El Carnicero (1970) pertenece a la segunda etapa de la filmografía chabroliana lejos ya de los impulsos de la Nouvelle Vague, de la que como sabemos fue uno de los iniciadores. Chabrol como en su primera película El Bello Sergio (1958) vuelve a la provincia francesa para desarrollar su historia. El Carnicero juega entre la película de corte criminal y de suspenso, y el policial de investigación; sin embargo, es ante todo una película sobre dos personajes solitarios que se conocen en un pequeño pueblo; y que empiezan a intercambiar inquietudes, secretos que los van acercando y los hacen empatizar.

Decimos que es una película sobre todo de personajes debido a que la historia gravita en mayor o menor medida en torno a aquellos así como los sucesos y circunstancias parten de ellos o se relacionan con ellos. Si bien hemos señalado los géneros a los que pertenece El Carnicero, éste tiene por momentos secuencias en las que se expresan sentimientos y se dan toques de humor, además de algunas secuencias en las que hay diálogos en los que se comparten vivencias que acercan a la película a cierto intimismo.

La película es sugestiva desde los créditos iniciales ya que muestra pinturas rupestres de figuras animales como bueyes, cabras y venados que, como bien sabemos, eran representaciones de las cacerías hechas por los hombres primitivos, especificamente los de Cromagnon, pero que ahora son cazados para vender sus carnes en cualquier carnicería. Este no es únicamente un contraste o si se quiere una paradoja anecdótica sino que se reforzará cuando hacia la mitad de la historia vuelvan a aparecer las cuevas que serán importantes para entender gran parte de la película. En breve retomaremos este asunto.

Popaul es una persona cortés, tranquila, querida y respetada por el pueblo, que aparentemente no tiene problemas y que su única ocupación es ser el carnicero del pequeño pueblo, empero sabemos que no es más que un ser inseguro y solitario que esconde tras su apariencia amable un lado siniestro que nadie se imagina que tiene. Este es un punto que obras cinematográficas y literarias han tratado, la personalidad dual que puede presentar una persona que se comporta ante la gente de una forma, pero en ausencia de ella se convierte en otra totalmente distinta, revelando un carácter extraño, aun monstruoso. El ejemplo clásico de esta dualidad es la novela El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson. Los más peligrosos criminales y psicópatas se esconden por lo general tras un aspecto que no llama la atención tratando de pasar lo más inadvertido posible para engañar a sus posibles víctimas y atacarlas cuando menos se lo esperan.

Por su parte, Helene es solitaria no porque haya quedado o la hayan dejado sola (a pesar de que hace unos años tuvo una relación amorosa en la que no le fue bien), sino por voluntad propia, porque no intentó después buscar algún tipo de relación afectiva, en otras palabras, es practicante de lo que se conoce como soledad activa, que es aquella que la misma persona busca (al estado de Helene se le puede aplicar el neologismo: solitaridad). A diferencia de Popaul que está inmerso en la soledad pasiva, que es la no buscada o la que es impuesta. Sin embargo, la manera que tiene Helene de sentirse bien es dedicándole todo su tiempo a la enseñanza, pareciera preferir ese modus vivendi y no ir en busca de alguna relación que la saque de ese estado de solitaridad. Tanto Helene como Popaul al conocerse muestran sus sentimientos y se sienten bien juntos, pero finalmente sus propias actitudes e incluso temores (sobre todo los de Helene) no permiten que puedan concretar algo importante.

Líneas arriba decíamos que la aparición de las cuevas prehistóricas y sus pinturas no eran anecdóticas. Esto se debe a que muestran a la vez una correspondencia y una paradoja. La exhibición de dichas pinturas y todo su significado primitivo (en cuya era de creación prevalecía lo rústico) nos habla de que sus artífices, pese a su estado primario, pudieron crear obras que demostraron su superioridad respecto de los demás animales con los que convivían. La correspondencia y la paradoja se expresan en El Carnicero desde que el hombre dominó a la naturaleza y alcanzó desarrollos científicos, tecnológicos y artísticos (prevalecimiento de la racionalidad) convive igualmente con actitudes primarias que pueden llevarlo a cometer actos criminales lindantes con la animalidad. Los actos de Popaul, que solo son sugeridos, demuestran el primitivismo que puede haber en cualquier persona pese a la llamada evolución; toda persona, por más racional que sea, conserva esos rezagos aurorales. Claro está que en algunas, éstos se manifiestan de manera más explícita y violenta.

Pauline Kael decía en una crítica sobre El Carnicero que: “Chabrol hace poemas tonales sobre temas de thriller”, esta opinión es correcta, y nos permitirá hablar del excelente uso que Chabrol hace de la música. El director construye su película, poseedora de una fuerte carga de Thriller, y la combina con música atmosférica que va creando sensaciones variadas según vayan dándose las situaciones. La música compuesta por Pierre Jansen se complementa cumplidamente con cada uno de las acciones, logrando sintonizar con algunos rasgos de la personalidad de los dos personajes centrales.

Sin duda los veinte minutos finales son lo mejor de la película, pues condensan todo el espíritu de la misma. En ellos encontramos secuencias notables de suspenso, como cuando Popaul se confronta con Helene; luego, las secuencias continuadas en las que vemos a Helene conducir su carro en plena noche, acompañadas por la música creadora de atmósferas de la que acabamos de hacer referencia. Estas secuencias del carro atravesando la oscuridad consiguen por momentos características oníricas o de pesadilla,  según como se perciba. Además, en las conversaciones que dentro del carro se producen entre Helene y Popaul, así como las frases y confesiones que Popaul le hace a Helene, los dos vuelven al asiento en el que está sentado,  una especie de sillón psicoanalítico en el cual el “paciente” Popaul cuenta todo lo que tiene dentro de sí.

En suma, El Carnicero es una de las mejores películas de Claude Chabrol, y me animo a decir una de las mejores de la década del `70.

César Guerra Linares

VISIONES DEL FIN DEL MUNDO

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¿Apocalipsis?, ¿esquizofrenia? Curtis (Michael Shannon) vive apaciblemente con su familia en una de las tantas zonas rurales de la enorme América; pero hay algo que cuestiona su felicidad, cuando duerme le atormentan sueños funestos: tormentas inmensas; ataques por parte de su perro, extraños e, incluso, personas cercanas. Surge entonces una idea en Curtis, el fin del mundo está cerca y él debe construir un refugio para proteger a su familia de una tormenta apocalíptica que barrerá con todo.

En términos psiquiátricos, para esta situación se podría aplicar el término delusión. Esta no es otra cosa que un juicio falso, algo de lo que el sujeto está totalmente convencido siendo esto falso, como parece ser el caso de Curtis. La misma estructura de la película nos invita a pensar esto, no es en vano que se nos hace saber el antecedente de esquizofrenia en la madre de Curtis, lo que marcó su infancia y destruyó su familia.

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Las ideas paranoides poco a poco toman un lugar principal en la vida de Curtis, se siente amenazado no solo por la tormenta en ciernes, sino también por otros. Aquel sueño violento en que es atacado salvajemente por su perro repercute en que, primero, encierre al perro (que hasta ese momento vivía apaciblemente dentro de la casa) y, luego, lo regale. Otra amenaza es percibida en su amigo Dewart a quien sueña persiguiéndole con una pala. Su amistad con él se arruinará debido a su paranoia. Progresivamente estas delusiones paranoides toman mayor importancia en la mente de Curtis, hasta convertirse en el eje central de sus actos; lo que lo lleva a una conducta totalmente disfuncional: efectúa un préstamo enorme para construir su refugio, usa maquinaria pesada ilegalmente y a la par oculta todo esto a Samantha, su esposa (un nuevo gran papel para la ascendente Jessica Chastain). Cabe mencionar, además, el papel protector de Curtis con su hija, quien es sorda.

Una escena notable es aquella de la “explosión” de Curtis en el almuerzo de su comunidad. Si hasta ese momento había estado guardando para sí su paranoia, al fin la deja aflorar y advierte a toda la comunidad sobre la hecatombe por venir. Magnífica, por cierto, la actuación de Shannon en esta escena, con un tono alto, casi furioso. Aunque se debe mencionar que el actor está formidable en todo el metraje.

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Si hasta este momento he dado una lectura racional a la historia es porque la misma narración nos induce a considerarlo así, no en vano se menciona su visita a los terapeutas y luego al psiquiatra, no en vano se hace una pequeña mención a los síntomas del DSM-IV para la esquizofrenia, y no en vano se hizo referencia al antecedente esta misma enfermedad en la familia de Curtis. El clímax mismo de la película nos hace concluir esto: una tormenta se aproxima, la familia se refugia. Al día siguiente, tras una epifanía, Curtis sale del refugio y observa que casi nada ha pasado, sólo fue una tormenta más, no era el fin del mundo. Curtis está listo ahora para iniciar tratamiento psiquiátrico puesto que ahora sabe que todas esas ideas habían surgido de su mente.

Sin embargo, el final ambiguo de Jeff Nichols cuestiona nuestras conclusiones racionales: frente al mar Curtis ve aproximarse una tormenta colosal, y no hay refugio que los proteja, su esposa ahora también ve acercarse el apocalipsis. ¿Acaso era Curtis un profeta de nuestros días y predijo el fin del mundo?, el final en cierta forma siembra esa duda. Ahora bien, otras lecturas también son posibles sobre este desenlace: La primera, es otro sueño de Curtis, el hecho de que su esposa vea también la tormenta significa que su subconsciente acepta que su esposa ahora conoce sus temores, sabe a qué le teme, sea esto falso o no, y juntos como familia tratarán de encarar esta terrible tormenta que es su enfermedad. Otra lectura, estamos ante una psicosis compartida, una folie à deux, en la que ambos esposos perciben este apocalipsis y empiezan a compartir la paranoia.

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Ahora bien, “Take Shelter” es también el retrato de la América profunda de nuestros días: vidas apacibles pero bajo el yugo de la recesión, con hipotecas que los estrangulan, seguros médicos que apenas cubren sus necesidades y con la constante amenaza del desempleo y la miseria. O sea, una vida en constante temor, una vida paranoica. ¿Acaso Jeff Nichols no ha hecho más que dibujar una metáfora de nuestros tiempos? Como mencioné, son muchas las lecturas que se pueden hacer de esta película. Les recomiendo además una segunda visión de la misma, se gana mucho.

Jeff Nichols es considerado uno de los directores americanos jóvenes con más proyección, y lo refrenda con esta obra. Espero con ansías disfrutar del resto de sus películas.

Por Marco Macavilca Cruz

Dos películas del Festival de Lima 2015

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EL INCENDIO

El incendio, de Juan Schnitman, muestra la corrosión y el resquebrajamiento de una joven pareja, Lucía y Marcelo, en una crónica de un solo día. Lo que atrae de esta película son la intensidad y el ritmo que esta contiene. La puesta en escena contribuye a que estas características se potencien. Los movimientos de la cámara, los espacios cerrados acaso asfixiantes y las actuaciones de los dos protagonistas consiguen que la obra impacte sin ambages. Otro elemento importante son los diálogos y contrapuntos incesantes que se dan entre ambos.

El título del filme describe muy bien lo que vemos como espectadores, es decir, la destrucción de la pareja. No obstante, el fuego destructor que es el del incendio, que viene terminando con la relación, pareciera volverse en “constructor” o  “reparador” en la notable secuencia sexual entre Lucía y Marcelo, hacia el final de la historia, pero esa sensación es efímera, pues ya no hay vuelta atrás; pese al apaciguamiento, lo que seguirá para ambos será la rutina y esperar que ese fuego latente vuelva a destruir quizá de modo definitivo a la relación.

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IXCANUL
Ixcanul cuenta la historia de María quien vive con su pequeña familia, madre y padre, en una comunidad maya kaqchikel en el interior de Guatemala. La película está hablada casi en su totalidad, salvo unas pocas escenas habladas en español, en lengua kaqchikel. María, una joven de 17 años, debe seguir la tradición de su comunidad y casarse mediante un matrimonio arreglado con una persona que no ama ni desea. El filme evita caer en cualquier discurso moralizante y maniqueísmo cuando su madre decide que ella debe abortar.

El director Jayro Bustamante mediante su tratamiento visual se distancia del exotismo y folclorismo, que es la tentación en la que muchos cineastas caen cuando filman realidades y culturas que les son ajenas. Hay un muy buen trabajo con la cámara para retratar las actividades de María y de su familia. Tanto los encuadres cuanto los movimientos de cámara ayudan a crear una atmósfera particular; asimismo el humo, presente en varias escenas, consigue que las imágenes se vean enrarecidas y pierdan nitidez. Los movimientos de cámara son pausados incluso en algunos instantes se vuelven cadenciosos. Esto cambia brevemente en una secuencia en la que la cámara puesta al hombro sigue el recorrido de los padres de María quienes la llevan al hospital; el registro visual varía por la urgencia de la situación. Una de las mejores secuencias es aquella en la que están reunidos los miembros de la familia de María con los familiares de su novio; la coloquialidad y frescura con lasque hablan los personajes fluyen de modo natural. En resumen, este auspicioso debut cinematográfico de Jayro Bustamante lo posiciona como una de las nuevas figuras a seguir en el cine latinoamericano.

César Guerra Linares

CICLO: “El CINE QUE SOLO VERÁS AQUÍ VOL. 4”

«No hay un solo ladrillo en la ciudad que no esté mezclado con la sangre de un esclavo»

Lunes 4 de mayo, 7:30 Homenaje a Manoel de Oliveira (1908-2015). Los caníbales, de Manoel de Oliveira (Portugal, 1988, 95’). Un personaje sombrío y helado se enamora de la bella del teatro. La insinuación de algo trágico planea casi como un cliché. El cine B fantástico puede alunizar en una película romántico-histórica (y muy burguesa). El Manoel de Oliveira más ‘clásico-modernista’, además de delirante y estrambótico, está aquí.

Lunes 11 de mayo, 7:30 Killer of sheep, de Charles Burnett (USA, 1978, 83’). Para tratarse de un film tan poco visto, ha tenido atención: el premio de la Crítica en Berlín; uno de los primeros 50 títulos en la lista de la Biblioteca del Congreso ‘digno de permanente preservación’, y Burnett ’no es solo el más importante director afroamericano sino uno de los más distintivos cineastas que Norteamérica ha producido’ (Andrew O’Hehir, Salon). La vida cotidiana y humilde de las víctimas de la desigualdad, atravesada de iluminaciones poéticas y observaciones sociales.

Lunes 18 de mayo, 7:30 De cierta manera, de Sara Gómez (Cuba, 1978, 70’). Gutiérrez Alea: ‘a Sara le hubiera gustado hacer cine sin cámaras, sin micrófonos: directamente, y eso es lo que le da esa fuerza y esa cosa única que lamentablemente no creo que haya sido suficientemente valorada con los años.’ Para lograr la descripción compleja de las comunidades marginalizadas, y trabajando dentro de la Revolución, se desplaza entre una variedad de modalidades narrativas, atacando los problemas dentro de un análisis histórico. Fue su primer y único largometraje.

Lunes 25 de mayo, 7:30 La negra de… dirigida por Ousmane Sembene (Senegal, 1966, 65’). Una joven africana es llevada a trabajar a la casa de una pareja francesa. “A un nivel moral no creo que tengamos ninguna lección que aprender de Europa (…) La verdadera desgracia no es solo una cuestión de tener hambre y sed, es una cuestión de saber que hay gente que quiere que tengas hambre y sed (…)La liberación de África no va a darse sin la liberación de la mujer. Y yo añadiría que no es tanto la mujer africana la que necesita la liberación como los hombres africanos.”

CICLO: “EL CINE QUE SOLO VERÁS AQUÍ VOL. 3”

Lunes 7 de abril, 

“Adiós al lenguaje”, de Jean-Luc Godard (Francia, 2014, 70’). 

“La idea es simple. Una mujer casada y un hombre soltero se conocen. Se aman, discuten, los puñetazos vuelan. Un perro está entre la ciudad y el campo. Las estaciones pasan. El hombre y la mujer se reencuentran.

El perro se encuentra a si mismo entre los dos. El otro está en uno. El uno está en el otro. Y son tres. El marido lo echa todo a perder. Una segunda película comienza. Igual que la primera. Y a la vez no. De la carrera humana pasamos a la metáfora Termina en ladridos. Y un bebé llora” (Godard).

Lunes 14 de marzo

Cortos de Stan Brakhage (USA). “Si cierro los ojos sigo viendo (…) los niños se frotan los ojos para crear una intensificación de fuegos artificiales o explosiones. Es el primer nivel de cuando te ves a ti mismo pensando. (…) si eres consciente, en medio de esas abstracciones, puedes recurrir a ciertos recuerdos provocados por algún suceso, como recordar a la abuela o lo que sea… Pero lo que me interesa más -y ha sido muy negado- son las abstracciones en sí mismas, que pueden contener el verdadero estado de ánimo que tienen las personas.”

Lunes 21 de abril

“Dyn Amo”, de Stephen Dwoskin (Gran Bretaña, 1972, 113‘). Explora la distinción del ser de una persona y su proyección en los otros; es una película de ‘horror’ que sugiere que una proyección puede ser más sustancial que el ser mismo. Su tema son los roles (especialmente el sexual) y el masoquismo de interpretarlos conforme a los intereses de otros…

Lunes 28 de abril

Cortos del director cubano Nicolás Guillén Landrián. Se ha dicho de él: “demasiado loco, demasiado popular, demasiado negro…” Revolucionario del cine, a causa de su obra, encarcelado y acariciado por electroshocks: es hora de conocerlo. Veremos, entre otros: Coffea arábiga (1968), Desde La Habana 1969 Recordar (1969), Taller de línea y 18 (1971), Un reportaje sobre el cuerpo pesquero (1972), Nosotros en el cuyaguateje (1972), Para construir una casa (1972), Retornar a Baracoa (1966)…

Cineclub de la Universidad Cayetano Heredia. 

Av. Armendáriz 445 Miraflores. 7:30 p.m. Entrada libre.